Windless (Pavel G. Veskanov)

Koko vuelve a casa; o, mejor dicho, vuelve a sus raíces, al lugar donde nació y creció hasta emigrar a un nuevo país. Pero está más lejos de cuanto pudiera parecer. A su alrededor, las historias acerca de su padre se agolpan, contadas por viejos amigos e incluso gente del pueblo a quien hasta la fecha ni siquiera conocía. Una figura que el protagonista no reconoce, que abandonó hace tiempo, y a cuyo reciente entierro ni siquiera asistió —Veskanov elude con sobriedad la pregunta realizada por un lugareño acerca de dicha ausencia—. En esa localidad, que vemos mayormente dibujada en las memorias de quienes aún viven allí —de hecho, el cineasta apenas nos regala algún que otro plano exterior de la campiña y de una construcción aislada—, el pasado está más presente que nunca: en cada palabra, cada gesto y cada relato. Todo lleva indefectiblemente a alguna parte donde los recuerdos bordean cada alto en el camino. No obstante, Koko parece alejado de ese pasado: ni siquiera le importa dónde puedan llegar a enterrar a sus familiares fallecidos ahora que el cementerio cambiará de emplazamiento.

La figura del padre, epicentro de esta Windless que participó en la sección Proxima de Karlovy Vary, vuelve vez tras otra al periplo de nuestro joven protagonista. Sí, su muerte es lo que le ha llevado allí, a vender una propiedad que le perteneció, pero nada le interesa acerca de ese “gran hombre” que describen todos y cada uno de los personajes a su paso. De hecho, Koko admite no recordar si quiera la voz de su progenitor, y no comparte la admiración que todos le profesan. Esa suerte de negación del recuerdo, que se nutre de sus silencios, y hasta se traslada a sus acciones, cuando desmontando una estantería golpea sin piedad un cuadro repleto de fotos antiguas en el borde del marco, obtiene una prolongación en las conversaciones (a distancia) con su madre mientras vacían la casa. Ella también evita dicho pasado, y ni siquiera tiene consideración al deshacerse de lo material: su fugaz sonrisa al ver unos juguetes que su padre trajo de la Unión Soviética se transforma rápidamente en mueca de desagrado cuando le dice a su hijo que los tire. Por si fuera poco, las cuestiones de Koko acerca de su progenitor deslizan una incomodidad que se percibe también en sus reacciones.

Koko y su amigo, que le pedirá ayuda para vaciar hogares de esa localidad que ahora afronta una nueva etapa con el paso de una autopista por la zona, recorren distintas viviendas enfundados en sus chándales de marca generando un acentuado contraste. A su paso encuentran rostros de testimonios esculpidos por el tiempo que hablan, con pesadumbre y pausa, del temor a la soledad, como si el tiempo ya no corriera para ellos. Incluso en una de esas casas una mujer sentada en un sofá dice querer partir sin ser una carga para nadie. En ese sentido, la obra se fija a través de una narrativa que concede importancia a la pausa, a un desarrollo que sin ser moroso privilegia esa mirada ciertamente melancólica, que recogen tanto sus imágenes como un tono del que se desprende asimismo una cierta tristeza.

Puede que en ese recorrido Windless se estanque, volviendo sobre situaciones que si bien describen minuciosamente el marco en que se mueve el protagonista, orbitan sobre una misma idea que, sin agotarse, no añade matices ni motivos al relato. Es por ello que el film del búlgaro, teniendo claros sus objetivos —ensalzados por un impecable trabajo formal en el que destaca el manejo del plano—, no termina de elevarse definitivamente. Y es que la evolución que se va dibujando en su personaje a raíz de lo que percibe y de cómo, poco a poco, se cuestiona aquello que se antojaba inapelable, se siente un tanto difuminada más allá de la meritoria interpretación del debutante Ognyan Pavlov —conocido en su país como Fyre por su faceta como rapero—. Ello no resta alicientes a una obra que explora nuevamente esos contrastes generados por la sociedad, y que define en su conclusión un camino donde la respuesta está en aquello que precisamente decidimos eludir por un tiempo.

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