Todos los caminos de Dios (Gemma Ferraté)

El mito de Judas Iscariote es uno de los que más impacto ha tenido en la cultura cristiana. No es extraño ver cómo en pueblos del interior se procede a quemar una efigie representativa del sujeto durante el Domingo de Resurrección, un hecho que en ciertos casos incluso trasciende a los propios personajes bíblicos para transformarse simbólicamente en el desprecio a ciertas personas cuyas acciones han herido a toda la comunidad. ¿Quién no se ha referido alguna vez a alguien como “un Judas”? La traición de amigos o personas queridas siempre es dolorosa para el ser humano, de ahí que el nombre de este apóstol haya estado presente hasta nuestros días como un adjetivo de uso más o menos corriente.

Todos los caminos de Dios (Tots els camins de Déu) es una película dirigida y escrita por Gemma Ferraté que propone una revisión moderna de este mito. Rodada en catalán y financiada por crowdfunding en un presupuesto que no llegó a los 33.000 euros, la cinta narra los tres últimos días en la vida de un individuo que acaba de traicionar a su mejor amigo y que se adentra en un bosque para encontrarse a sí mismo y tratar de expiar su culpa. Allí, el protagonista se encuentra con un joven que le persigue sin saber muy bien la razón, aunque al entrar en contacto con él pronto adivinará que puede ser una señal a través de la que lograr el perdón.

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Ferraté propone para contar todo esto una película en formato 4/3, cuya intención parece clara: que la imagen se oprima tanto como oprimido está el alma de Judas tras cometer una traición horrible. Al retratar el bosque con esta panorámica, se logra transmitir bastante bien el agobio ético que atraviesa el protagonista. En ocasiones, el uso de cámara en mano para rodar algunas escenas refuerza esta confusión en torno al mundo interior de Judas. La cinta está íntegramente rodada en este entorno natural donde lo único realmente artificioso es la banda sonora que trata de ambientar ciertos pasajes, circunstancia que estorba más que ayuda.

Marc García Coté es el actor que encarna a este Judas. Prácticamente toda su actuación se centra en la configuración de su rostro mediante los gestos y movimientos que realiza, ya que las líneas de diálogo son muy escasas en el film. Y lo cierto es que compone una imagen bastante veraz de lo que podría ser un hombre atormentado al darse cuenta del pecado que ha cometido. García Coté está acompañado en la interpretación por un correcto Oriol Pla y el más conocido Jan Cornet como el amigo traicionado; es decir, Dios.

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El desarrollo de Todos los caminos de Dios cumple con los tramos que cabría esperar en lo referente a una historia de este tipo, lo cual deja un poso quizá más amargo del que uno podía esperar al encarar la película. Pese a que el carácter de Judas queda descompuesto de manera razonable, los medios utilizados para progresar en la trama están esquematizados en exceso. Uno de los éxitos, eso sí, se da al establecer una cierta ambigüedad en el relato. No es ninguna locura ver segundas lecturas además de la evidente en torno a la culpa; por ejemplo, existe un cierto tono homosexual descrito en torno a las miradas que cruzan los protagonistas amén del baño que ambos toman en su desnudez.

Hay quien podrá decir que Gemma Ferraté le pide bastante al espectador para sumergirse en su atmósfera, pero en realidad bastan un par de minutos para habituarse a ella, puesto que la cineasta sabe encajar bastante bien las piezas de la que dispone. Es probable que su mayor problema, entonces, gire en torno a la irregularidad de una propuesta que en su duración tampoco tiene una aliada: menos de 70 minutos para contar la quiebra interior de un hombre y su búsqueda del perdón. Posiblemente el humilde presupuesto haya tenido que ver en esa circunstancia, por lo que resulta difícil negar a Todos los caminos de Dios su más que meritorio resultado final.

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