The Maus (Yayo Herrero)

Una pareja de jóvenes se pierden en las entrañas de un bosque balcánico, cuando su automóvil queda inutilizado. Un entorno aparentemente desconocido que cubre de misterio e incertidumbre a dos urbanitas a los que en un primer momento no les incomoda la extraña presencia de unos hombres del lugar; algo solo en apariencia, valga la redundancia, porque con el paso de los minutos descubriremos que ella, Selma, es una superviviente de la Guerra de los Balcanes y los guardabosques, que se presentan para prestar ayuda en inicio, esconden toscas e incómodas intenciones hacia ellos. Yayo Herrero reviste a The Maus, su ópera prima, con un envoltorio tan familiarizado para un aficionado al género como pueda ser el denominado survival horror, o la incesante búsqueda por la supervivencia de unos protagonistas ante hostiles acontecimientos; pero, en realidad, la película se convertirá en un ejercicio de estilo que pretende invocar dentro la premisa y sus aristas de cine de género un discurso mucho más profundo e implicado, gracias a la centralización hacia el drama de su protagonista femenina.

Selma tiene muchos motivos para estar aterrorizada, más aún que su novio alemán, fruto en primera instancia de las contrariedades que empiezan a ocurrir; ella va mucho más allá de lo que el terror presente comienza ocasionarles para viajar a través de los fantasmas de la guerra pasada, el conflicto balcánico que dejaría muchas víctimas en vida, como la joven que centra todo el protagonismo de The Maus. Y será a través de ello cuando la película comience a mostrar su plato fuerte, dentro de lo heterogéneo de su discurso, donde se darán cita el drama o el suspense, hasta llegar a la delimitación del toque más realista del horror, algo que demuestra lo áspero y contundente de su atmósfera. Pero será precisamente en la forma en la que el drama se fusione con el horror, a través de un conjunto de secuencias de tinte pesadillesco, donde The Maus alcance unas cotas cinematográficas de inesperado virtuosismo, sirviéndose de una rotunda utilización de la oscuridad fusionada con una exposición tan abrumadora como acertada del sonido. Siendo esto lo que más se acabe recordando del film en su incuestionable lucha por ganarse la etiqueta de película de género, Herrero también demuestra un buen uso de la planificación en el dibujo del espacio (especialmente en los segmentos en los que mayoritariamente podríamos categorizar la película como el citado survival), haciendo creer la incertidumbre de los personajes y añadiendo unas aristas salvajes, tales como el propio bosque balcánico que se nos presenta como huella perenne de la tragedia (poblado aún de minas, detonante para hacer crecer aún más el recuerdo desesperanzador de la protagonista), fruto de terrores pasados y presentes.

Una guerra cuyas consecuencias impiden que sus víctimas en vida puedan evitar olvidarse de ella, como si la batalla estuviese presente perpetuamente en sus pasados protagonistas; así es el terreno forestal cubierto aún de los estigmas del pasado, y ese parece ser el mensaje que The Maus esconde en su interior, a través de unos personajes que tampoco pueden desprenderse de las consecuencias violentas que se originan. A destacar el cómo Yayo Herrero imprime este compleja disertación ejerciendo ante todo un notable ejercicio de autoría, recorriendo en primera instancia algunos tótems clásicos del horror, pero apoyándose en un esfuerzo visual que se enfatiza, siempre bajo el intento por desprender crudeza y realismo en sus contoneos con el drama interior, y no solo en la agradecida tosquedad de sus momentos violentos. Todo ello sin olvidar su discurso, una dura lectura de la actual Europa, subrayado acertadamente en su epílogo, de infaustas pero reales connotaciones. The Maus se promulga como una película de estética tremendamente poderosa, que no se jacta únicamente de gozar de una planificación excelente, sino que la utiliza para fabricar con un trabajadísimo envoltorio de género un viaje a unos horrores mucho más incómodos de ver que los que habitualmente nos regala el fantástico reciente.



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