The Good Son (Shirly Berkovitz)

Ayer comenzó el Docs Barcelona 2014 en los cines Aribau Club con la proyección de The Good Son. Antes de reseñar la obra israelita he de hacer una mención especial al equipo de Docs Barcelona y su labor a la hora de ayudar a un andaluz despistado (servidor) que se presentó a la gala de inauguración sin invitación y sin tener ni idea que la acreditación de prensa no servía para el evento en cuestión, aún así me dejaron un asiento, cosa que visto el lleno casi absoluto del cine es de agradecer. Pero tranquilos, nadie se quedó fuera por mi culpa.

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The Good Son es la propuesta inaugural. Sigue la “huida” de un joven israelita de un barrio conservador a Tailandia y su cambio de sexo a espaldas y a escondidas de su familia a la que engaña diciendo que se va un año a estudiar a Inglaterra. Lo cierto es que las formas resultan reveladoras, recordando y mucho a otro documentalista como es Frederick Wiseman (Titicut Follies, 1967) y su Direct Cinema, o lo que es lo mismo, esa mosca en la pared que lo observa todo impasible. Para explicarlo mejor, esa intención donde lo que ocurre delante de la cámara sucedería de igual manera si esta no estuviera presente.

No obstante hay detalles que se alejan de esta forma de rodar y es algo tan humano como la “compasión” que en breves momentos percibimos de la mirada que se desprende. Si hay quienes acusan de frialdad a Wiseman, la joven Shirly Berkovitz no puede evitar sentir una empatía sobre su sujeto de prueba cercana a la fraternidad. Ella misma explicaba en el turno de preguntas posteriores a la proyección que tras tres meses de rodaje entre ellos dos había surgido una profunda amistad, sobre todo teniendo en cuenta que eran de los pocos que hablaban hebreo en el hotel donde se hospedaban tras la operación de Or, nuestra protagonista.

Se nota que la cineasta no puede evitar sentir cariño por su personaje al que comprende y evita en ocasiones acercarse demasiado, como vemos en un momento puntal al final de la cinta. Lo que resulta en una paradoja con las formas bien llevadas por ese humanismo que desprende. No consigue ser una radical del Direct Cinema, se nota que en ocasiones la cámara sufre por lo que pueda pasarle a Or, sobre todo en la segunda parte, la vuelta a casa con su enfrentamiento con la familia. Pero sale airosa.

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Los miedos de Or son palpables. Resulta así mismo interesante la transformación física y anímica que se nos muestra de Or, una chica atrapada en un cuerpo que no es suyo y que teme perder a su familia mientras por fin y poco a poco consigue sentirse en su verdadero cuerpo y va demostrando una feminidad oculta a la par que aprende a andar como una chica, por ejemplo. Es tierno como esta mujer encuentra su lugar en el mundo y se enfrenta a sus mayores miedos y ahí se gana el cielo el proyecto.

La catástrofe sobrevuela en varios momentos pero la directora tiene la suerte de darse da de bruces con una realidad más humana de lo esperado, teniendo en cuenta lo inflexible de las formas que hace gala la cinta —el Direct Cinema tiene esas cosas. Y eso que Wiseman suele prescindir muchas veces de un hilo conductor claro y son pequeñas estampas o escenas sobre el día a día de lo rodado. Shirly construye un relato más clásico—.

Más que un cine denuncia es un cine espejo sobre el camino a seguir por muchos transexuales. No diré aquello que tanto odio sobre que estamos ante una película necesaria. Prefiero quedarme con que The Good Son es una buena película. Rodada de manera ínfima en cuanto a la financiación y valiente, sí, pero por encima de todo un buen documental.

Tiene un tono muy humano gracias a Or. La directora además parece jugar con la idea de la catástrofe pero ofreciéndonos siempre gente amable y buena que se cruzan con la protagonista. Causa alegría general y fraternidad total cuando las peluqueras le peinan por primera vez como lo que es, una chica. Y suspiramos aliviados cuando un compañero de curro descubre que ella en su anterior vida era un hombre y a pesar de sorprenderse luego no le da importancia.

La cámara está ahí, todo el tiempo, captando la transformación de Or. La física es evidente y se sigue con interés. La anímica acaba decantando la balanza agrandando el recuerdo que tengo ahora sobre la cinta.

Buen comienzo para el Docs Barcelona.

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