Sesión doble: El reno blanco (1952) / Lake of the Dead (1958)

El terror nórdico es tan frío como imaginábamos. Por eso nos decidimos a realizar una sesión doble con dos de sus joyas ocultas de la década de los ’50. La primera es la finlandesa El reno blanco, dirigida por Erik Blomberg en 1952, seguida por la noruega Lake of the Dead, que dirigió Kåre Bergstrøm en 1958. Sigamos pues las huellas sobre la nieve para descubrir lo que se oculta al final del camino.

 

El reno blanco (Erik Blomberg)

El reno blanco

Los mitos y leyendas siempre han intercedido en el cine como eje matriz de un género, el terror, que se ha nutrido de ellos para agrandar un imaginario siempre extendido a fábulas oscuras y distintivas, moldeadas por autores de toda índole y descritas por el carácter particular de cada tierra o vertiente cinematográfica a través de las que han sido representadas. Precisamente esa naturaleza, la fabuladora, aquella de instigar lo irreal y mítico en un relato de propiedades universales, es lo que funciona a modo de motor en El reno blanco, una de las escasas aportaciones que el cine nórdico —hasta los últimos años, poco volcado con el género— arrojó en la etapa clásica acerca de su propia concepción y consecución de un horror particular, que bien podría emparentarse con algunos de los títulos primordiales de un cineasta imprescindible como Jacques Tourneur, pero termina por impregnar al film de un carácter propio y en cierto modo distanciado, presa de una visión más clásica y convencional.

Ello no es óbice para que la película de Erik Blomberg resulte ni mucho menos rutinaria, y es que si bien es cierto que la direccionalidad tomada por el relato resulta en ocasiones demasiado clara, como tomando una concisión impropia de un género capaz de generar tantos matices y lecturas, El reno blanco sabe también abastecer al relato de una visión también personal, amparada especialmente en esa atmósfera psicótica que el cineasta finlandés sabe captar a través de las apariciones más insólitas de Mirjami Kuosmanen. Es la actriz, pues, quien es capaz de insuflar mediante su actuación, caracterización y mirada una condición diferencial a una historia que, pese a moverse mediante lugares y situaciones comunes —dejando a un lado el punto distintivo que confieren esos helados parajes y una mitología distinta—, sabe focalizar a la perfección unos objetivos que precisamente no parecen alejarse en demasía de la exposición de esa idiosincrasia conectada a unos rasgos culturales ineludibles.

Si bien El reno blanco no constituye uno de esos títulos imprescindibles para el aficionado al género, sí encontramos a través de la batuta de Blomberg una rareza que merece ser admirada por adentrarse en una vertiente inusual mediante esa mitología creada por el propio cineasta a través de los rasgos de una tierra de raigambre y tradición un tanto alejada de la Europa de la que estamos acostumbrados a recibir muestras de otro horror no tan emparentado con las leyes del Hollywood clásico. Un Hollywood del que el finlandés toma préstamos y propiedades, aunque siempre para satisfacer las necesidades de un relato capaz de evolucionar y tomar en ciertos tramos ese sentido y tono para llevarlo a un terreno en el cual prevalece el carácter y personalidad de un pueblo que obtiene su particular reflejo a partir de los logros de una obra que termina por obtener un valor especial y añadido.

Escrito por Rubén Collazos

 

Lake of the Dead (Kåre Bergstrøm)

Lake of the Dead

El cine nórdico no es precisamente conocido o aclamado por sus aportaciones, muy puntuales, al género de terror. De hecho seguramente que lo primero que pensemos al evocar algún film originario de esa geografía sea el carácter trascendental, atrevido y exótico que detentan las mejores obras oriundas de esas tierras. Sin embargo, buceando en la oscuridad emanada de las brumas y pesadillas que brotan de tierras escandinavas, podemos encontrar piezas que merecen ser catalogadas como joyas del cine de género.

Este es el caso del sugerente e intrigante Lake of the Dead, film noruego producido en 1958 y basado en una novela de misterio escrita por André Bjerke. La influencia literaria que exhibe el film se percibe desde su arranque, puesto que la película se narra como una especie de lectura que un novelista de escaso éxito realiza a su esposa acerca de su recién cocinada creación, una inquietante novela de fantasmas y de misterio. Así, esta presentación dará lugar a un flash back que relatará el viaje que el matrimonio protagonista y narrador del cuento efectuará en tren junto a una serie de personajes y amigos de profesiones diversas ligadas al ámbito intelectual, entre quienes se hallan un psicoanalista, un periodista, y un abogado que viaja junto a su prometida con dirección a una cabaña sita en medio de un apartado bosque habitada por el hermano de ésta última. Pero al llegar al emplazamiento el grupo de amigos descubrirá que el fraterno pariente de su compañera ha desaparecido misteriosamente. Una desaparición que parece ligada a la existencia de una arcaica leyenda por la que cada 23 de agosto se produce la aparición del fantasma del antiguo propietario de la choza, el cual emerge como un alma en pena de las aguas del lago orillado en los terrenos de la casa. Un advenimiento motivado por las ansias del espíritu de poseer a los inocentes moradores de su antiguo y ocupado hogar, obligando a su víctima a arrojarse al lago en cumplimiento de su deseo de venganza. Unas ansias de vendetta motivadas por el tormento que persigue al fantasma merced a un acto de celos que le incitó a asesinar inconscientemente a su hermana y al amante de ésta.

Partiendo de esta propuesta de misterio y con el recurso de situar la acción justo días antes del día de autos, -el 23 de agosto-, Lake of the Dead se destapa como una muy sugerente y elegante cinta de intriga con toques fantasmagóricos con una trama que descansa en el hecho de centrar el hilo argumental de la misma en la permanencia de un grupo de desconocidos en un lugar apartado y sometido a extrañas leyendas. Sin embargo, el enfoque puramente de terror dará paso a una mayor presencia de los dogmas y arquetipos inherentes al cine de suspense. Y es que la cinta adoptará los patrones clásicos de las obras de William Castle y de las novelas de Edgar Wallace, tomando como partida una fábula de ultratumba para posteriormente derretir sus componentes principales en las redes de un delicioso embrollo de investigación detectivesca donde nada es lo que parece y en la que a todos los personajes les persiguen ciertas sombras de sospecha.

Con un envoltorio visual muy nórdico, y por tanto con una puesta en escena muy elegante y sutil que a veces peca de abusar de ciertos tics originarios del mundo teatral, Lake of the Dead se revela como una película muy entretenida y divertida, construída con ingredientes muy bien condimentados que abarcan elementos tan dispares como la intriga, la claustrofobia ligada a la escenificación en interiores poseídos por fuerzas extrañas e igualmente la comedia. A pesar de su tono algo superficial, cabe destacar el potente revestimiento de tono muy siniestro y negro – con algunos guiños cinéfilos que apuntan al Vampyr de Carl Theodor Dreyer- que ostenta una película poseedora de una hipnótica e insinuante atmósfera que delata su procedencia puramente escandinava.

Escrito por Rubén Redondo

 

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