Querida Courtney (Rolf Roring)

La inmensa mayoría de aficionados a la buena música seguro que conocen el tema Smells like teen spirit, que el grupo Nirvana popularizó en los años 90 gracias a la voz del siempre grande Kurt Cobain. Sin embargo, de lo que con certeza no están enterados es que esa canción en realidad se la plagiaron a un menor de edad alemán. Como lo leen, el joven Paul Thomas fue quien realmente escribió el mítico tema para intentar conquistar a la rubia Sashia, cuyo corazón se resistía inexpugnablemente a sus encantos.

Al menos, esta es la teoría que debemos tener en cuenta si nos creemos a pies juntillas Querida Courtney, película dirigida y escrita por el alemán Rolf Roring. La historia de Paul Thomas, un joven proyecto de músico que trabaja en la tienda de discos de su tío y que intenta por todos los medios que en las canciones se encuentre el remedio a su mal de amores, engancha rápidamente cuando descubrimos su vehículo con la realidad: Paul, amenazado por su productor Huesos, tendrá que seguir a la gira del grupo estadounidense por Alemania para tratar de conseguir que Kurt Cobain firme la cesión de los derechos de Smells like teen spirit. En medio, su eterno amor Sashia, el ex de ésta Kalle y la rebelde Tolle.

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Como decimos, no hace falta esperar demasiado para comprobar que la película funciona, tiene algo especial que hace misión casi imposible despegarse emocionalmente de ella. Extrañamente, esta virtud no viene dada por empatizar demasiado pronto con los personajes; al contrario, en apenas unos minutos se nos cuenta el comienzo del enamoramiento de Paul y el rechazo que sufre por parte de Sashia antes de acometer una elipsis de unos 4 años que nos lleva al tiempo actual de los hechos (años 90). Pese a la escasa presentación de los personajes, resulta muy fácil empatizar con casi todos ellos, desde el desdichado protagonista hasta el último de los secundarios.

Durante toda la película discurren por los altavoces una buena selección de temas rockeros de la época (alguno que otro “fabricado” sólo para la cinta), lo que ayuda a introducirse más fácilmente en lo que podríamos definir como una comedia con toques románticos y, por supuesto, de road movie. La acción va cambiando de escenario conforme Nirvana recorre las ciudades alemanas: Berlín, Hamburgo, Münich… Aquí se puede poner un pero, y es que apenas se pueden reconocer unas de otras. Todo luce prácticamente igual, sin cambios en el entorno, apenas se enfocan un par de monumentos históricos en la película, por lo que en realidad este cambio de escenario responde más a un asunto dramático que geográfico.

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Querida Courtney no es demasiado graciosa para ser una comedia, y los momentos dramáticos tampoco abundan demasiado. Una cosa destacable aquí es que el azúcar se ha medido considerablemente bien. Apenas hay escenas empalagosas, ni siquiera el final de la obra, donde estaba el terreno preparado rematar la película con la típica postal ñoña, peca de excesiva melosidad. Claro que en este punto tenemos que aclarar que la evolución de los personajes no satisfará a todo el mundo. El ambiente de rock, groupies, drogas y sexo seguramente no está representado en todo su esplendor, algo seguramente elegido de manera voluntaria por Roring, ya que la película se le podría haber ido por otros derroteros. Para hacernos una idea, es más un Casi famosos o un Rock of Ages (en bueno, claro) que un Last Days, aunque también podremos ver en algún momento a un Cobain que ya iba perdiendo el norte.

Entre conciertos, viajes y amores frustrados, al final Querida Courtney nos brinda hora y media de cine bastante satisfactoria. Guarda bastante bien ese equilibrio entre credibilidad y licencias cinematográficas, que en comedias como ésta suele virar a favor de lo segundo. Una película simpática, entretenida, que nos cuenta algo atractivo manteniendo un ritmo narrativo no muy alto pero tampoco sin pausa, y sobre todo unos personajes bien escritos e interpretados son las virtudes de esta grata producción alemana.

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