Oscuro y Lucientes (Samuel Alarcón)

Unas cuantas coincidencias entre todo el caos del mundo

Que el mundo está hecho de pequeños sucesos sin sentido y todos desparramados no es ninguna novedad. Ahora bien, muchas veces, ante la mirada de un extraño, aquellos mismos sucesos se relevan como parte de un cierto orden, seguidores de una lógica un tanto misteriosa y no menos oscura. Es verdad, como dice el narrador de Oscuro y Lucientes, un documental firmado por Samuel Alarcón sobre la figura de Goya, que para la mayoría, tanto la muerte del pintor como lo que pasó después con su cuerpo goza de menos popularidad que su obra y los clichés que la rondan.

Oriundo de Zaragoza, el pintor murió fuera de su país, en Burdeos. De la última parte de su vida, lo más conocido quizá sea la sordera y las pinturas negras que dejó en las paredes de la llamada Quinta del Sordo; no así las callecitas de Francia por donde dio los pasos finales y el cementerio en donde terminó. Para algunos puede que sea conocida la historia llena de complicaciones de su repatriación: al momento de exhumar sus restos, se dieron cuenta de que la tumba del pintor había sido violada, su esqueleto, tirado en el piso fuera del cajón y su cabeza, desaparecida.

El documental de Samuel Alarcón está narrado por una voz en off que, a lo largo de toda la película, se dirige al pintor muerto con el fin de contarle la suerte que le tocó vivir una vez finalizado su periplo por el mundo de los vivos. Los aciertos residen, por un lado, en la compaginación de esa voz con fotografías de la época y registros actuales en vídeo de los lugares por donde pasa la narración, hallando en su camino un gran número de felices consecuencias y, por el otro lado, en la construcción de un guión que, lejos de arrojar pirotecnia al cielo, se toma su tiempo en construir una intriga que el espectador reconoce cuando ya está metido en ella de lleno.

Oscuro y Lucientes además de regodearse en el misterio del cráneo desaparecido, aborda temas tan interesantes como la fascinación alrededor de la muerte, el poder de presagiar que tienen algunos pocos artistas, y el cambio de un mundo a otro: aquel donde los pintores le cedieron su lugar a los fotógrafos como cronistas de la época. Es necesario también destacar la galería de anécdotas y detalles que permiten figurarse tanto aquel tiempo lejano como a los personajes que lo habitaron desde una perspectiva casi íntima, como si se tratasen de un rumor vertido de boca en boca. Y es que el mundo está hecho de todos esos sucesos, que incompletos ante la mirada de los hombres, sugieren un secreto tras el manto de caos.



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