Miel (Valeria Golino)

Miele supone el debut en el largometraje de la célebre actriz Valeria Golino, que viene respaldado por su paso en Cannes dentro de la sección Un certain regard. Además, en el momento de escribir estas líneas, el film opta el prestigioso premio LUX del Parlamento Europeo, galardón en el que los diputados destacan las obras en las que se destaque la universalidad de los valores europeos estando aún por fallar el correspondiente a este año. La película se basa en una novela de Mauro Covavich y centra su protagonismo en Irene, quien asiste a todos aquellos enfermos que deseen concluir su vida facilitándoles los medios para conseguir una muerte digna. Apodándose así misma como Miele, la joven se topará con el señor Grimaldi, cuyos motivos para acabar con su existencia pondrán en una encrucijada moral a la protagonista.

Miele

Realmente notable e interesante resulta el paso de la popular Valeria Golino al otro lado de la cámara, y más aún cuando lo realiza utilizando un tema de rabiosa actualidad casi siempre inundado de polémica. Lo primero que atrae la atención de la película es su inesperada madurez, no sólo por tratar con mucha templanza la complicación de su temática sino por la impresión de un aspecto visual  muy trabajado, con ciertos valores estéticos muy definidos. Bajo una narración con un trabajo hacia el ritmo realmente encomiable, Golino no escatima a la hora de experimentar con el plano (especial predilección por el detalle) y la utilización de recursos visuales bajo un sello autoral muy meritorio, sin caer en el olvido en el trato del ensayo de su discurso.

Narrativamente ampulosa, Miele se mantiene fiel a sus ínfulas autorales pero sin caer en la pretensión barata. Dirección sutil y vital mantienen en pie un film que en primera instancia destaca por la fluidez visual de su planteamiento, recubierto por un embriagador trabajo de fotografía. El personaje principal nos es presentado con una entereza moral bien definida durante el primer acto de la trama. Asistimos a su meticuloso método de trabajo en su papel de ángel del a muerte, vemos como su código ético ante un tema tan moralmente discutido como la eutanasia está construido con entereza y podemos incluso hasta empatizar con este rol que ante todo cree que está realizando un gran beneficio para la sociedad, asumiendo una clandestinidad implícita.

Miele

Golino se apoya en el físico de Jasmine Trinca para componer un personaje muy icónico, excelentemente definido a base de sutiles detalles y con ciertos apuntes estéticos. El punto de inflexión y especial motor de la historia será cuando Irene, nuestra protagonista, se tope con el personaje interpretado por Carlo Cecchi, del que es sensacional ver como exprime al máximo su rol a pesar de unas pequeñas intervenciones. La entereza moral de Irene se desvanece, asistimos a una lucha interior de la que Golino saca un máximo provecho basándose en lo perspicaz, ya que huye de caer en lo predecible para utilizar esto en el empaque estético de la narración. Trinca y Cecchi ofrecen un duelo interpretativo directo, sutil, nada convencional y consiguiendo, teniendo en cuenta una temática tan dada al sentimentalismo como esta, cierta sorpresa en su tratamiento.

Miele ofrece una deconstrucción interior que seduce tanto por sus valores narrativos como formales, y es de agradecer como la película ofrece el debate de la eutanasia sólo como escenario terrenal (el meollo del film podría trasladarse a otros ámbitos sin sufrir ningún tipo de variación en sus intenciones) sin posicionarse por ninguna de las posturas de la controversia. Golino ofrece una lectura paralela, en la que deja al espectador que saque sus propias conclusiones. Una obra personalísima, madura, sincera en sus pretensiones y con un trabajo narrativo mucho más complejo de lo que aparenta. Una de las películas del año.

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