Mayo de 1940 (Christian Carion)

El ansia expansionista del régimen nazi tuvo consecuencias irreversibles para muchos ciudadanos europeos. Uno de los países más afectados fue Francia, que desde la primavera de 1940 vio cómo los alemanes iban poco a poco adentrándose en su territorio, lo que a su vez conllevó que los franceses del norte fueran progresivamente abandonando sus viviendas para dirigirse al sur, una región que todavía estaba a salvo de las tropas de Hitler. Sin embargo, hoy en día conocemos que ni siquiera el Estado francés teóricamente no ocupado por los nazis (territorio conocido como la Francia de Vichy) pudo escapar al dominio de la esvástica durante varios años.

El éxodo de estos ciudadanos se narra en Mayo de 1940 (cuyo título original es En mai, fais ce qu’il te plaît, algo así como “en mayo, haz lo que quieras”), película dirigida por Christian Carion, un cineasta que en sus anteriores trabajos Feliz Navidad y El caso Farewell ya dirigía su mirada hacia sucesos históricos como eran, respectivamente, la Primera Guerra Mundial y la Guerra Fría.

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En este caso, Carion desdobla su relato en varias historias compenetradas. Por un lado tenemos al germano Hans y su hijo, que huyeron del nazismo y encontraron refugio en un pequeño pueblo francés. Allí conviven con personajes de todo tipo, entre los que destacan el alcalde Paul y la profesora Suzanne. Posteriormente, cuando la localidad ya esté vacía, aparecerá por allí el militar escocés Percy, un tipo destinado por los mandos británicos a combatir a favor de Francia. El objetivo del cineasta al poner en liza tal ecléctica gama de individuos es no sólo narrar una historia lo más cercana posible, sino seguir encontrando respuestas hacia por qué se llegó hasta semejante situación.

Desde el principio ya se nota que Mayo de 1940 pretende definirse como una película conmovedora, hecho que quedará confirmado cuando Hans e hijo deban separar sus caminos. La búsqueda del reencuentro entre ambos será la piedra angular de un filme que nunca llegará a resultar empalagoso, pero que sí busca descaradamente forzar la lágrima del espectador. A través del abuso de una bonita BSO (obra del gran Ennio Morricone) y el manejo de diversas casualidades argumentales, Carion resta cierta compostura a una obra que presentaba unos propósitos notables, pero cuya ejecución no termina de convencer.

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Lo que sí hace de Mayo de 1940 una cinta interesante es, además de sus buenos valores de producción y ambientación, la acertada composición que realiza de los personajes. Paradójicamente, los dos protagonistas alemanes quizá sean los que menos carisma poseen, ya que su desarrollo es algo previsible. Pero los ciudadanos del pueblo francés poseen un aura especial, equilibrando su personalidad en consonancia con los sucesos que van acaeciendo en la historia y, esta vez sí, con un punto de alma que llega a conmover de manera auténtica; no es casualidad descubrir posteriormente que Carion se crió en una familia de granjeros del norte de Francia. También el oficial escocés posee cierto gancho, pero quedará olvidado por su evidente rango secundario y por el empleo del tópico de la gaita. Aquí hay que agradecer especialmente que el retrato de los soldados nazis termine escapando del maniqueísmo y se ofrezca una visión alejada de la brutalidad.

Así, Mayo de 1940 basa su potencial cinematográfico en narrar una historia de buenos personajes con los que cualquiera podrá identificarse, sin descuidar en absoluto un cuidado contexto histórico que incluye reflexiones en voz alta sobre aspectos como la muy tardía intervención de las potencias aliadas. Una pena que la cinta no alcance en su conjunto una dimensión más óptima por ese empeño en forzar las situaciones para tratar de que el espectador se sume a la causa del film, cuando realmente cualquiera que aprecie la historia y no carezca de sentimientos humanos sabrá descifrar la desgracia que atravesaron esos ciudadanos franceses sin necesidad de que se lo sirvan en bandeja de plata.

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