Lo mejor de 2018 por… Álvaro Casanova

Dada la enorme cantidad de títulos que un amante del cine puede ver a lo largo del año, estas listas que se hacen a final de la temporada tienen un doble propósito. En primer lugar, tratar de esclarecer un poco cuáles de esas películas son las que más han destacado durante toda la temporada, algo que se puede captar echando un vistazo general a las listas publicadas por los diferentes portales, incluida por supuesto la que elaboramos aquí. Por otro lado, y seguramente de mayor utilidad, los “top” suelen esconder alguna pequeña joya que no ha tenido tanto eco como el que debería haber conseguido, y que uno de repente descubre cuando un cinéfilo del que se fía la incluye entre lo mejor del curso. Lamentablemente, un servidor no ha tenido demasiado tiempo en esta última parte del año como para entrar en esa segunda parcela, por lo que es probable que hasta el menos enterado de la actualidad cinematográfica conozca las obras que constituyen este top.

No obstante, incluso siendo 2018 mi año menos productivo del último lustro en lo que se refiere al visionado de películas (122 según el contador de los amigos de Letterboxd y apenas 18 de las 69 propuestas en la previa de nuestra prelista general), siempre da tiempo a encontrarse con varias cintas de relumbrón. Solo las dos últimas clasificadas de esta lista podrían tener su lugar fuera de ella, ya que se trata de films simplemente satisfactorios y que he decidido incluir aquí solo como un pequeño reconocimiento a dos cineastas que me satisfacen. En su lugar, se quedan fuera títulos como El hilo invisible, La muerte de Stalin o Loving Vicent que, en mayor o menor medida, son más conocidos. Tampoco aparecen aquí varios films que me habría encantado ver durante esta temporada y que seguro veré ya este 2019, como Roma, Quién te cantará, Burning o Infiltrado en el KKKlan, amén de alguna otra que tenía apuntada y finalmente se me ha escurrido de los dedos.

Sin más, presento mi lista con lo mejor que he visto de entre las películas estrenadas en España durante 2018:

 

10 — La cámara de Claire (Hong Sang-soo)

Cero sorpresas, para lo bueno y para lo malo, ofrece el visionado de uno de los más recientes trabajos del productivo Hong Sang-soo. Vuelve a ponerse delante de las cámaras del coreano una Isabelle Huppert que ya protagonizó la magnífica En otro país. En esta ocasión, adoptando el papel de una parisina que llega al Festival de Cannes, donde se topará con el fogoso triángulo que protagonizan un director de cine y dos trabajadoras de una productora. La mecha que se enciende aquí adopta el color típico del cine de Sang-soo, con momentos cercanos a lo hilarante pero sin despegarse por un instante de la visión real implícita a estas situaciones, aunque no alcanza la calidad de títulos como Ahora sí, antes no.

 

9 — En la sombra (Fatih Akin)

En una época donde la xenofobia y el terrorismo copan la actualidad de una forma mucho más asidua de la que debería, Fatih Akin no podía dejar pasar la ocasión de mostrarnos su particular visión sobre el asunto. Lo que en principio parecía destinado a ser un producto a pequeña escala, el caso de una mujer que tiene que afrontar el duelo tras una grave pérdida, poco a poco va trascendiendo en un asunto de calado más universal. La idea de la justicia rebota en cada plano hasta llegar a un desenlace que no parece haber gustado demasiado. Pero, más allá de la propia historia que Akin nos narra, la obra encierra varias ideas interesantes y cuenta con la poderosa interpretación de una Diane Kruger que borda el papel de víctima… y de verdugo.

 

8 — Sin amor (Andrey Zvyagintsev)

Cuando una relación se rompe sin aparente culpable, hay que intentar empatizar con los dos lados, pero más aún con aquellos que cargan con el verdadero sufrimiento de la ruptura: los descendientes. El ruso Zvyagintsev recupera la esencia de su debut El regreso y nos narra aquí una historia que bien pudiera ser un capítulo anexo del mencionado film. Una película que exhibe en sus inicios la característica frialdad del este pero que va entrando progresivamente en combustión hasta alcanzar una notable parte final, en la que el cineasta no deja nada al azar. Una cinta mucho más dura de lo que parece, especialmente cuando pensamos que la familia representada en Sin amor tiene muchas réplicas en la sociedad.

 

7 — A Silent Voice (Naoko Yamada)

Parecía que esta obra de Naoko Yamada iba a ser un trabajo de animación japonesa al son de otros productos que nos han llegado recientemente de aquellas tierras, pero nada más lejos de la realidad. A Silent Voice afronta con valentía y mucha sensibilidad el reto de narrar una historia acerca de uno de los problemas de más debate en la sociedad como es el del bullying. Y lo hace encarando el asunto sin prejuicios, mostrando la peor cara del ser humano pero también la posibilidad que tiene este de cambiar, de reformarse con el paso del tiempo. Una visión optimista que se focaliza en la relación de Shoko e Ishida, cuya permeabilidad es el eje que permite construir a Yamada una bonita historia.

 

6 — Lazzaro feliz (Alice Rohrwacher)

A mitad de metraje creía estar ante una de las decepciones de 2018. Después de todo lo que se había hablado sobre este film de Alice Rohrwacher, visionar una historia algo alocada sobre una comunidad campesina de organización casi feudal sabía bastante a poco. Pero la creadora de la notable El país de las maravillas vuelve a sorprender con un momento mágico y en la segunda parte de cinta nos ofrece una auténtica lección de cómo transmitir una idea acerca del comportamiento humano que podría ser terriblemente profunda si se analizase desde un punto de vista más filosófico, pero que en manos de la italiana goza de una sensibilidad particular. ¿Cómo sería el mundo si todos actuásemos como Lazzaro? Probablemente, de tanta bondad moriríamos asqueados. Pero imaginar un planeta donde reinase la cara opuesta al protagonista genera un pensamiento mucho peor. Y, por desgracia, estamos más cerca de lo segundo que de lo primero, como bien se encarga Rohrwacher de demostrarlo en esa sobresaliente secuencia final.

 

5 — Todos lo saben (Asghar Farhadi)

Ante la percepción de que un cierto sector del cine español se había despersonalizado, imitando preceptos transoceánicos, llega un iraní a nuestra tierra y logra narrarnos una historia de espíritu verdaderamente patrio. Claro, que no se trata de un iraní cualquiera. Asghar Farhadi, tras tocar el cielo con Nader y Simin y ofrecernos a continuación otros dos buenos trabajos, elabora una película castellana en forma y fondo. No solo es que Todos lo saben sea una obra bien estructurada, cuya historia va ofreciendo cada vez más alicientes para mantenernos pegados a la pantalla, sino que toda la ambientación, personajes y trasfondo social resultan clavados a lo que esperaríamos ver en una localidad como la que se representa aquí. Ello queda complementado con la colaboración de un estupendo reparto, con el tándem Bardem/Cruz en estado de gracia y el concurso de los siempre notables Ricardo Darín, Bárbara Lennie o Eduard Fernández.

 

4 — Cold War (Pawel Pawlikowski)

Tras ver el último trabajo de Pawlikowski, alcancé a leer un comentario en una crítica que calificaba a la película de “poco conmovedora”. Esta opinión tan personal encierra una parte de verdad: Cold War no pretende definirse como una obra sentimental, entendiendo con este apelativo a aquellos films que buscan desde el principio generar una base para alimentarla posteriormente con los dos polos de la relación. En este caso, la cinta polaca empieza con unos cánticos populares gritados a viva voz por gente del pueblo llano, buena muestra de la escasa predilección de Pawlikowski por dotar de un acompañamiento burgués a su lírica fílmica. Tampoco el dúo que se establece entre Zula y Wiktor parece tener una química especial y su relación quizá no evolucione según lo que se podía esperar. Pero precisamente en ello reside la fuerza de Cold War. Pawlikowski consigue que un amor tan lejano y tan difícil se traslade a la pantalla con una naturalidad y sencillez impresionantes, sin forzar la historia con explicaciones innecesarias o giros de guión que huyan de la realidad. De las películas de 2018 que serán más difíciles de olvidar.

 

3 — Amante por un día (Phillippe Garrel)

Si el romance entre una joven y su profesor, casi tres décadas más viejo, ya aparenta ser turbulento, resulta fácil imaginar el alto voltaje que se alcanzará cuando la hija de este regrese al hogar paterno tras una ruptura con su novio. Garrel aparece en este fogoso escenario para hilar una película de desamores, traiciones y deseos, donde la brecha de edad y de género acompaña a la confusión sentimental que atormenta a los tres protagonistas. Es impresionante el temple que demuestra el veterano director francés para llevar a cabo un trabajo tan bien escrito, tan bien rodado, que retrata a la perfección la personalidad de dos generaciones y de dos sexos, que no flaquea en ningún momento de su hora y cuarto de metraje y que termina por ofrecer un excelente muestrario del caos que se puede generar en las relaciones de pareja.

 

2 — Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh)

Con cintas como Tres anuncios en las afueras, queda claro que el crimen y la maldad no son fenómenos pasajeros cuya culpa deba personalizarse en una persona o movimiento concretos, sino que se trata de una lacra arraigada en el ser humano durante toda la humanidad. ¿O acaso alguien no piensa que perfectamente esta obra podría estar ambientada hace 50 años? ¿O hace 500? ¿Incluso en el futuro? En cualquier caso, lo que Martin McDonagh nos narra aquí no solo hace referencia al crimen en sí mismo, sino a todo lo que acaece después de él. Una Frances McDormand abatida en su corazón, pero con el espíritu vivo por sacar a la luz lo que ocurrió con su hija, se topa con una enrevesada telaraña de investigaciones, falsas pistas e intereses ocultos que dificultan enormemente la tarea. Algo que, por desgracia, sucede en la mayoría de los casos similares. Esta interesante crítica a la poca eficacia en la resolución de crímenes se complementa con una historia sugerente y bien medida, amén de un grupo interpretativo que, encabezado por la mencionada McDormand y unos estupendos Sam Rockwell y Woody Harrelson, dan la cara en este soberbio thriller.

 

1 — Lady Bird (Greta Gerwig)

Si Greta Gerwig se estaba convirtiendo poco a poco en un icono generacional delante de las cámaras, no lo iba a ser menos con su primer trabajo en solitario como autora cinematográfica. Su mirada va dirigida a una chica de Sacramento que afronta su último año de instituto con el vértigo que nos asomaba a todos por aquellas edades: ¿qué voy a hacer a partir de ahora con mi vida? El desapego emocional respecto a sus padres, especialmente su protectora madre, y el desorden que transmite para relacionarse con la gente en general, no hacen más que expresar un desconcierto que en aquel ya lejano 2003 asomaba en los jóvenes y que se acentuaría posteriormente con los estudiantes postcrisis. A través de esta historia aparentemente sencilla pero trazada con mucha inteligencia e interpretada a la perfección por Saoirse Ronan, Gerwig ha logrado retratar de nuevo, y esta vez como directora, las preocupaciones, misterios y (sobre todo) defectos de una generación difícil de calificar.

 



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