Lo mejor de 2017 por… la redacción de Cine maldito

Adiós, 2017. Con la mano en alto, agitándola nerviosamente, nos despedimos de otro año repleto de cine. Festivales, estrenos furtivos y el disfrute personal han acompañado a la web durante meses, algo que nos ha inspirado para desmenuzar nuestras diferencias y crear este top con las diez películas favoritas entre las estrenadas en España. Una lista avalada por los fieles redactores de Cine maldito que recomendamos seguir para empezar el 2018 rozando la perfección.

 

10 — A Ghost Story (I) (David Lowery)

Un fantasma se pasea por los restos de su presente, de su futuro, de su pasado. Contempla su vida, la ausencia de ella. Un fantasma que es consciente de todo lo que le rodea, de todo lo que nace, florece y muere a su alrededor. Lapsos de tiempo que son eternos como la agonía de comerse un pastel en plano fijo. Un acto simple que, sin embargo, está compuesto de un dolor inacabable. Lapsos de tiempo que se desvanecen en un corte breve como un parpadeo y que reflejan una eternidad.

A Ghost Story es tiempo, es consciencia, es la soledad de lo inadvertido, de lo presente y de lo olvidado. Un fantasma luchando, gritando en silencio, buscando ser advertido. Un fantasma cuya presencia es casi invisible pero permanente. Como los recuerdos, como lo inmaterial. Inalcanzable, fijo y eterno como el universo. Y es que quizás David Lowery, director de A Ghost Story, consigue de forma poética, delicada, que tomemos consciencia de lo pequeños que somos, de que todos somos fantasmas de paso. [Àlex P. Lascort]

 

9 — Ikarie XB-1 (I) (II(Jindrich Polák)

En 1963 el cineasta checo Jindrich Polák creó un título clave para la ciencia ficción. Adelantado varios años a Terror en el espacio, 2001, Solaris y Alien. Una influencia para títulos más recientes y cuyas ideas todavía continúan manejándose en la actualidad. Se trata de un clásico del género en otros países, aunque aquí era prácticamente desconocido, antes de ser rescatado en 2007 durante la Semana Internacional de cine fantástico de Málaga y en Sitges 2016.

Gracias a su estreno reducido en salas, se ha visto en pantalla grande un largometraje hipnótico por la puesta en escena orquestada con travellings y desplazamientos que nos sitúan en el interior de la nave Ikarie XB junto a su tripulación. Ambientada mediante una banda sonora, pródiga en teclados, efectos y armonías futuristas. Con la narración ‹in medias res› nos introduce con la intriga muy avanzada y retrocede luego, para presentarnos el colectivo de astronautas y científicos que buscan vida más allá de la Tierra. Tan creíble en sus hipótesis científicas como imaginativo en todo su metraje. Un regalo que se hizo sin el apoyo de la NASA ni las demás agencias espaciales, una coartada de prestigio muy usada en producciones posteriores de menos alcance. [Pablo Vázquez Pérez]

 

8 — El otro lado de la esperanza (I) (Aki Kaurismäki)

Acercarse a cada nueva película del director finlandés implica aceptar que vamos a sumergirnos, durante hora y media, en un universo enormemente familiar en el que apenas hay margen para la sorpresa; pero, también, que durante ese tiempo vamos a estar gratamente acompañados, pues dicho universo (personal e intransferible) se levanta sobre firmes cimientos de inteligencia, sensibilidad y compromiso moral con los más desfavorecidos. Había cierta curiosidad por saber qué tenía que decir, y cómo, Kaurismäki sobre la crisis de los refugiados que ha marcado el continente europeo en los últimos años. Como no podía ser de otra forma, logra sacarnos las vergüenzas sin renunciar, por una parte, a su característico estilo lírico, preciso y lacónico, pero tampoco a un genuino optimismo que brota a pesar de lo negras que pintan las cosas, sin resultar forzado ni complaciente. Kaurismäki no se ablanda: es duro e inclemente (la brutal descripción de la experiencia en Siria del protagonista), pero cree en la solidaridad, en el humor (tan elocuente, elíptico y deliciosamente absurdo como siempre) y, cómo no, en la esperanza. Y esperemos que por muchos años. [Nacho Villalba]

 

7 — La tortuga roja (I(Michael Dudok de Wit)

Con un dibujo simple, llano y sin alardes, Michel Dudok de Wit representa en La tortuga roja el ciclo vital del ser humano, la disposición que este tiene ante los elementos que se le presentan en el mundo y su interacción con la naturaleza. Y es así que, partiendo de situaciones ilusorias como el naufragio de un hombre en una balsa o como la metamorfosis de una tortuga en mujer, de Wit nos guía por ese camino con principio y fin que es la vida, dejando entrever las idas y venidas que dan forma al entretanto. Una obra que, alejándose del escrupuloso registro del cuerpo mediante el trazo para mostrar la propia evolución del mismo, suena sincera. Más aún si tenemos en cuenta que, abrumados en nuestro tiempo por una excesiva educación para la vida que tiene como consecuencias el utilitarismo desmedido y la praxis por la praxis, el hecho de mostrar la vida como ciclo que empieza y acaba puede llegar a resultar tan beneficioso como estimulante en este hablar desde lo sencillo a todos los públicos para poder evocar a toda mente una idea de fin que parece permanecer oculta, pudiendo motivarnos así a empezar el proceso de ruptura de esa incomodidad que supone el sentirnos en un tiempo limitado. [Pablo Castellano]

 

6 — El viajante (I(Asghar Farhadi)

Ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa, superando a la que todos los especialistas destacaban como única candidata (la alemana Toni Erdmann), El viajante sitúa a su creador, el director iraní Asghar Farhadi, como uno de los más grandes cineastas del cine contemporáneo. Se trata de otra vuelta de tuerca a su peculiar estilo cinematográfico. Una forma que dista de ese cine iraní de trincheras más apegado al ambiente rural y neorrealista, y sí más vinculado con una atmósfera urbana, desarrollista y moderna, pero igualmente aniquiladora de libertades.

Farhadi introduce una especie de metalenguaje en su obra, combinando el cine con el teatro, aprovechándose de que la pareja protagonista, integrantes del mundo de la cultura iraní, se halla inmersa en los ensayos de la representación de Muerte de un Viajante. A partir de ahí, el cineasta iraní logrará tejer una red que aglutina parte de sus obsesiones: la lucha de las mujeres por zafarse del yugo que las aprisiona, un fino estudio de las relaciones matrimoniales y familiares en un país donde ni siquiera los cimientos que dan forma al hogar se muestran estables y finamente un cuadro apasionante de ese Irán culto y anhelante de libertad que choca contra sus propias tradiciones. Todo ello regado con un halo de intriga y suspense que agiganta si cabe aún más el resultado de una obra magna y compacta a la que resulta difícil señalar ninguna grieta. [Rubén Redondo]

 

5 — La idea de un lago (I(Milagros Mumenthaler)

Una vieja diapositiva sirve como ventana a los recuerdos de la niñez de la protagonista de La idea de un lago. Unos recuerdos que son tan conscientes de su propia importancia tanto para ella como para el espectador que parecen aceptar explícitamente la presencia de la cámara. Así se podría contextualizar la cinta de Milagros Mumenthaler, a través de la necesidad de recuperar la memoria para completar la construcción de una identidad propia. La ausencia sirve como guía de un viaje personal —y generacional— inconcluso entre la inquietud perenne de la incertidumbre como absurdo refugio de esperanza y la confirmación del dolor de la tragedia. Fotos, películas domésticas y la rememoración minuciosa y evocadora de detalles, anécdotas y lugares se funden entre hechos reales e imaginados, entre anhelos frustrados y la herencia de una vida incompleta que no desea como legado a su futuro hijo. El registro —literal y metafórico— del pasado permanece como el único consuelo que encuentran sus supervivientes, testigos mudos de una realidad histórica que les ha negado el duelo. De este modo es como la imponente, tierna y en ocasiones mágica figura del desaparecido padre de Inés (Carla Crespo) deja fuera de campo de la imagen de su propia vida a quien necesita contarla. [Ramón Rey]

 

4 — Demasiado cerca — Tesnota (I) (II(Kantemir Balagov)

Cerca, demasiado cerca se sitúa la protagonista de Tesnota, con unos ojos que imploran encontrar su lugar. Desde un inicio Kantemir Balagov no nos deja separarnos de Ila, el centro de un mundo que nos habla de pasado, de una época y unos valores concretos, de unas normas sociales que impiden romper los lazos con aquellos que te rodean. Y francamente, su cercanía nos engulle, nos mimetiza con su sentido rabioso, con su reposada reflexión, con la vida, al fin y al cabo, que nos sugiere que demasiado cerca no siempre es suficiente. Es belleza y dolor lo que transmite esta cerrada visión, una cautivadora historia que contempla temas más que conocidos, pero que en sus silencios y su nerviosismo nos deja varados en nuestros propios pensamientos. Cine que te hace sentir, más allá de una impronta personal, mucho más lejos de un estudio estético. Demasiado cerca de toda la rabia contenida que no siempre podemos soltar. [Cristina Ejarque]

 

3 — Verano 1993 (I) (II(Carla Simón)

Son tantos los aciertos y tantos los frentes que abarca la película de Carla Simón que su inclusión en las numerosas listas de los mejores títulos del año queda más que justificada. La brillante destilación de un relato de madurez a través de la mirada inocente de una niña de siete años. La precisión de su puesta en escena, construida en torno a la observación de las emociones y en cómo estas afectan en la relación de los personajes. La sutileza con la que el guion trabaja la dualidad entre la vida y la muerte, ambas omnipresentes en la película. La más que necesaria decisión de rodar en catalán como compromiso de la directora con su propia historia, fuertemente autobiográfica. La naturalidad de las interpretaciones, destacando aquella de la pequeña protagonista, Laia Artigas, por encima de cualquier otra. Y, sobre todo, la condición de ópera prima de Verano 1993 y el grandioso mérito que tiene el que una producción tan pequeña consiga desbancar a muchos otros largos nacionales en cuanto a empaque emocional y profundidad narrativa. [Juan Prieto]

 

2 — El sacrificio de un ciervo sagrado (I) (II(Yorgos Lanthimos)

La quinta película de Giorgos Lanthimos (segunda consecutiva rodada en inglés) nos ofrece un thriller psicológico, bastante macabro, que ataca directamente al corazón con una historia de venganza nada al uso y un argumento menos rebuscado de lo habitual, utilizando una ágil cadencia que sorprende si tenemos en cuenta la parsimonia de sus tres primeros trabajos y de la segunda mitad de Langosta. El director griego utiliza temas y algunos recursos visuales inéditos hasta ahora en su filmografía, aunque lo hace sin renunciar a su reconocible tono provocador y conservando toda la mala baba a través de los punzantes diálogos, la violencia y las situaciones absurdas que tanto le han caracterizado. Eso sí, sin tanta lucidez como en otras ocasiones en la manera de radiografiar la decadencia que asola a la sociedad contemporánea, más que nada porque aquí tiene otras preocupaciones y la parábola aparece muy en segundo plano. Destaca sobremanera la inquietante banda sonora y la absorbente puesta en escena (muy alejada del feísmo voluntario de sus primeros filmes) que incide en la frialdad, cuasi enfermiza, del matrimonio burgués. Unos aspectos que nos involucran de lleno en el ambiente incómodo que preside el filme y ayudan a generar una tensión, inicialmente contenida y misteriosa que paulatinamente se va tornando en irrespirable hasta su fatídica resolución. [Pep S. Ledoux]

 

1 — Doña Clara (I) (II(Kleber Mendonça Filho)

Urdiéndose bajo la sensacional y decadente apariencia física de una recuperada Sonia Braga, Doña Clara apuesta por un discurso en el que rezuman valores como la superación personal o la fidelidad intrínseca hacia unos ideales propios, todo bajo el manto de una óptica reflexiva de pasado y presente. Sin embargo, el futuro se verá amenazado por los intentos de una constructora por hacer abandonar a la protagonista su plácido domicilio al lado del mar, perturbando esa plácida existencia. Un film valiente, vigoroso a la hora de desentrañar la melancolía de su retrato femenino, al mismo tiempo que se nos muestra una sociedad tan paradisíaca como enviciada en lo burocrático, y donde el desarrollo de lo humano confluirá como núcleo narrativo. Una historia que se presenta como un cliché en sí mismo, pero que Kleber Mendonça Filho abre al espectador bajo la maravillosa unión de Braga y su personaje, total invocación dramática para la película, que hará que la conexión con el universo personal de Doña Clara sea directa y emotiva. Una de las películas del año, absorbente en su real dramatismo, y tremendamente fiel a su mensaje. [Dani Rodríguez]



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