La alternativa | Un retazo de azul (Guy Green)

A mediados de los años 60, Hollywood decidió sumarse a los cambios sociales en cuanto a la segregación racial que aún imperaba de forma ostentosamente visible en buena parte del país, cambios que estaban siendo promovidos desde la política, o sobre todo, desde la lucha por los derechos civiles por parte de la población negra.

Este cine, hecho por blancos como siempre resalta el cineasta Spike Lee, resulta desde el prisma actual con un mensaje forzado y hasta paternalista. Tampoco se debe olvidar la culpabilidad de una industria que no fue un altavoz del cambio hasta que esté comenzó a llegar, conocida además por el poco futuro que tenía cualquier actor afroamericano que estuviera en él.

Si en 1967 se estrenó la cumbre de este tipo de películas con la famosísima Adivina quién viene esta noche (Guess Who’s Coming to Dinner , Stanley Kramer), dos años antes llegaba a las pantallas Un retazo de azul (A Patch of Blue, Guy Green) compartiendo ambas cintas al mismo actor protagonista, Sidney Poitier, en un papel bastante parecido. Un retazo de azul sigue la historia de una chica de 18 años invidente, cuya única salida a un ambiente irrespirable en una casa dominada por su madre prostituta y controladora consiste en sus escapadas diarias a un parque cercano. Allí conoce a un hombre, papel interpretado por Sidney Poitier, del que poco a poco surge una amistad para acabar en una historia de amor. El único problema consiste en el color de piel de su nuevo amigo y en la posesiva madre que desprecia a una hija inútil desde su punto de vista que solo sirve para perpetuar el ‘negocio familiar’.

Un retazo de azul no es solo una cinta donde se ahonda de forma explícita en la idea del amor ciego. Y aunque se entiende en su tiempo como otra de tantas películas que criticaban el ambiente racista de la sociedad estadounidense, lo cierto es que tiene varios elementos que deben rescatarse. Sí, es una de esas cintas críticas con su momento, concebidas como arma para apoyar la lucha de los derechos sociales, pero ojo, el responsable detrás de la obra es el siempre estimulante Guy Green.

Green comenzó su carrera en el Reino Unido como cámara, y pronto dio el salto a la dirección de fotografía. En dicha disciplina consiguió un gran prestigio, sobre todo colaborando en algunas de las mejores cintas de David Lean, como Madeleine (1950) u Oliver Twist (1948), entre otras. Más adelante Green se atrevió a dirigir, y ahí se sumergió de las formas y las ideas del Free Cinema inglés, para más tarde asentarse en Hollywood.

Green, por tanto, es uno de tantos otros cineastas británicos que llegaron a los Estados Unidos embutidos con las nuevas ideas del viejo continente, en concreto del mencionado Free Cinema.

Esto se ve en la película en los momentos que nuestra protagonista, Selina —interpretada por la jovencísima Elizabeth Hartman, nominada al Oscar por su actuación en la película—, pasa su tiempo libre en compañía de su nuevo amigo Gordon. La historia estaba originalmente concebida como una obra de teatro, pero Green adapta el libreto para regalarnos escenas donde ambos protagonistas pasean por la ciudad, en unas secuencias que parecen directamente salidas del Free Cinema o incluso de la Nouvelle vague francesa. La película, hasta entonces atrapada en una sucesión de encuentros en el mismo árbol del parque con otros momentos donde apreciamos la miserable vida en la casa de Selina, gana enteros en su manera de capturar la naturalidad de un simple paseo matutino.

Green también nos regala dos momentos brillantes en forma de flashbacks, donde entendemos más de la vida de Selina. Si en el primer momento descubrimos cómo se quedó invidente nuestra protagonista, el segundo está resuelto de manera excelente, al tratarse ni más ni menos que de una violación por parte de uno de los clientes de la madre sobre la pequeña. Green no se recrea, pero en su momento resultó bastante impactante. En ambas situaciones la cámara se mueve enérgica, haciendo barridos de un lado a otro, transmitiendo sensación de realidad, uno de os objetivos confesos del Free Cinema y de los nuevos cines que surgieron en Europa.

Tal vez la película no tiene todo el dinamismo necesario, sobre todo al estancarse en un parte central por la repetición de los esquemas —casa de Selina. Encuentro en el parque. Y así hasta el infinito salvado por los momentos en la calle—. Además, hoy en día resulta demasiado infantil la relación amorosa, llena de sensibilidad, pero bordeando la cursilería. De todas formas, como decía, es una película de su época, y tratar según que temas debía abordarse con cierto tacto que resultaría alarmante hoy en día. A fin de cuentas no hay que olvidar que la escena del beso entre una blanca y un negro fue eliminada en el montaje, y solo recuperada muchos años más tarde. Porque dentro del racismo imperante, la relación entre una mujer blanca y un hombre negro siempre fue el mayor de los tabúes existentes.

Un retazo de azul es una preciosa película de amor imposible con final feliz. Una historia de superación entre una invidente blanca y un respetable hombre negro. El segundo le irá descubriendo un nuevo mundo lleno de oportunidades y belleza a la primera, que poco a poco tomará consciencia de su potencial y donde el color de piel de su amigo no puede tener ninguna importancia.

Filmada en un esplendoroso blanco y negro, la obra de Green tiene su importancia por el momento crucial en el que se desarrolla, pero a parte de eso sigue siendo una interesante historia sobre el amor ciego entre dos personas no tan distintas en el fondo. Preciosa y contada con mimo y cariño por los personajes, tiene además el añadido de contar tras las cámaras con un cineasta que compaginó hasta el final el exquisito gusto por el melodrama clásico y las nuevas formas del Free Cinema inglés.



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