IKARIE XB 1 (Jindrich Polák)

Uno de los secretos mejor guardados de la ciencia-ficción de la década de los sesenta lo constituye esta pequeña gema del cine checo, país cuya cinematografía empezara a gozar, precisamente por aquellos años, de una salud envidiable. Lo es por varios motivos. El principal, su capacidad para tocar (aunque no llegue a profundizar en ellos tanto como uno desearía) temas recurrentes dentro del género que títulos posteriores explotarían con mayor fama o acierto (las paradojas temporales —y sus dramáticas consecuencias— de Interstellar, la exploración de naves abandonadas de Alien o Terror en el espacio, la locura espacial de Horizonte final…). Pero también resulta destacable su enfoque serio, reflexivo y humanista, alejado en gran medida de la visión algo risible que a veces ofrecían las películas de extraterrestres y viajes espaciales de la década previa. IKARIE XB 1, por el contrario, parece más preocupada por expresar lo que supone dejar atrás la vida que conocemos para afrontar lo desconocido, y en ese sentido sus reflexiones en torno a la soledad, la familia y las incertidumbres del porvenir resultan no sólo agudas, sino también pertinentes y razonables. Asimismo, y al igual que ocurriera en obras como Ultimátum a la Tierra, Vinieron del espacio y otras del mismo perfil, hay en la cinta de Polák una voluntad crítica muy evidente en lo que atañe a la visión del ser humano, en concreto del individuo del siglo XX, un siglo marcado, como se apunta en un momento determinado del metraje, por sucesos monstruosos como Auschwitz o Hiroshima.

Este cóctel de ciencia-ficción adulta, puesto en escena con elegancia y rigor, no se viene abajo cuando aparecen elementos que podrían poner en cuestión el empeño de su director por afrontar la trama del modo más verosímil posible, como es el caso del simpático robot Patrick o de ese guateque espacial por lo demás irresistiblemente cool. Pero lo que sí acaba lastrando un poco todo es, como se ha sugerido al inicio de este texto, la sensación de que la cinta pasa de puntillas por casi todos los temas que trata. Más que un todo cohesionado, IKARIE XB 1 se percibe como una sucesión de episodios aislados que remiten, individualmente, a algunas de las cuestiones que ha abordado el género, tanto en literatura como en cine, a lo largo de su historia. Desde esta perspectiva, el impacto que genera cada uno es desigual: el filme brilla con fuerza cuando trata el problema de las diferentes equivalencias temporales y lo que ello implica para los tripulantes de la nave y los familiares que dejaron en la Tierra, así como al encarar, en clave de cine de terror, la visita a la nave abandonada que encuentran flotando en el vacío del cosmos, probablemente la secuencia más poderosa de toda la película, así como la que ostenta la carga más crítica y discursiva: todos los vicios y debilidades del ser humano están encapsulados en ese aparato que representa al propio siglo XX, y del que la película se aleja como de la peste, subrayando así su naturaleza humanista y conciliadora (con advertencia incluida sobre los peligros de la energía nuclear).

Por el contrario, cuando el filme explora, en su segunda mitad, la carga ominosa de un objeto desconocido que empieza a minar la moral y la energía de la tripulación, la trama se vuelve en exceso reiterativa y pesada, haciendo que el ritmo de la narración se resienta. De igual modo, las relaciones entre los personajes (hablamos de una película eminentemente coral, en la que todos los implicados guardan una similar importancia dentro del relato) no se afianzan o desarrollan lo suficiente en muchos casos, dejando tramas un poco a medio cuajar (el conato de romance, por ejemplo). Todo esto hace que el film de Polák no se convierta en el pequeño clásico del género que parece de entrada. Pese a ello, y pese a quedarse corta en líneas generales, estamos ante un trabajo de gran empaque y solidez, poseedor de un clima magnético y de imágenes bellas y fascinantes (todas las que registran la desolación de la nave repleta de cadáveres), con personajes creíbles y un talante progresista y civilizado que sabe, o quiere, mirar hacia el futuro con esperanza en la raza humana, al tiempo que no puede evitar hacerlo con horror y desprecio hacia lo que fuimos (y aún somos) en ese siglo pasado marcado por el avance brutal de la ciencia y la tecnología, pero también por la barbarie y el horror. Como en tantos clásicos del género, en IKARIE XB 1 el futuro (esto es, la posibilidad de la especie humana de hacer tabula rasa con su pasado) está en las estrellas.



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