Entrevista a Laura Ferrés, directora de Los desheredados

Laura Ferrés se graduó en dirección por la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya) y su cortometraje proyecto de final de carrera A perro flaco (2014) fue seleccionado en más de sesenta festivales nacionales e internacionales incluyendo la SEMINCI, Montreal o Cartagena de Indias. Con su segundo trabajo Los desheredados fue seleccionada como única presencia española en las distintas secciones de Cannes 2017 dentro de la Semana de la crítica de este año, obteniendo el premio Leica Discovery entre los cortos en competición. Con ella tuve la oportunidad de hablar del germen de la idea para su nueva obra, el proceso de su creación, la concepción y recursos formales que la distancian de su primer trabajo, sus influencias y futuro próximo.

Ramón Rey: ¿Qué te hace decidir y cuándo que tu próximo corto iba a ser Los desheredados y que ibas a utilizar a tu padre de protagonista para tu nueva obra?

Laura Ferrés: Hacía ya varios años que me apetecía hacer algo con mi familia. Además, en el lugar de trabajo de mi padre —el taller este de autocares— me parecía un lugar muy cinematográfico. Pero no acababa de encontrar la historia que realmente me motivara a llevarlo a cabo. Hace un año cuando mi padre me dijo que tenía que cerrar la empresa, porque a raíz de la crisis cada vez le iba a peor, me di cuenta de que era el momento de hacerle un retrato. Fue todo muy rápido, en cuestión de dos o tres meses él cerraba. Tuve que pensar qué quería hacer más allá de hacerle el retrato, conseguir todo, rodarlo. Luego la postproducción sí que se alargó más, pero de entrada tuve poco tiempo para ponerlo todo en marcha.

R. R.: La diferencia fundamental con A perro flaco es que has pasado de un primer corto de ficción pero muy enraizado en la realidad social a uno que tiene formas más cercanas al documental para capturar esa misma realidad. Obviamente no crees en esa diferenciación entre ficción y no ficción.

L. F.: En el momento en que pones una cámara, aunque pretendas hacer un documental cien por cien puro, tampoco es así. A mi me parece muy interesante desdibujar las lineas entre los géneros y que el espectador se pregunte qué puede ser más verdad o no mentira, pero sí qué puede estar ficcionado. Y que acaben de construir el relato a su manera. A mi al menos como espectadora me gusta bastante. En realidad, cuando empecé a darle vueltas al proyecto hubo un momento en que me engañé un poco a mi misma y pensé que como al fin y al cabo iba a rodar con mi padre y era la primera vez que él estaba delante de una cámara, que lo mejor sería que todo fuera muy intimista y que casi fuera yo con una cámara y poco más. Pero me puse a escribir el guión, donde lo que hice fue volcar anécdotas que habían ocurrido en algún momento de nuestra vida. También inventar cosas, porque a veces estas anécdotas no cohesionaban bien. Luego ya en rodaje surgieron cosas más espontáneas. Todo esto lo digo porque se fue complicando la cosa. Vi que realmente todo estaba tomando un camino que no podía llevar sola. Por esos motivos se va del documental a la ficción. Por ejemplo, no tenía pensado que en un primer momento apareciera mi abuela también y al final el propio relato me lo acabó pidiendo. Esto ha sido muy interesante porque efectivamente A perro flaco —aunque también estaba basado ya no en cosas que me habían pasado tal cual, pero si con un carácter muy personal— tenía un guión muy cerrado y fui al rodaje sabiendo bastante lo que iba a hacer. El proceso de Los desheredados ha sido muy interesante porque he ido descubriendo lo que quería acabar contando. Porque de entrada sí es un relato de mi padre, pero ¿qué estás diciendo con eso? No simplemente le estas grabando en diversas situaciones y ya está.

R. R.: Tu propia mirada está incluida en lo que se ve como una presencia en la pantalla.

L. F.: Al principio, cuando estaba pensado qué hago con todo esto, tengo la duda de «¿tengo que estar yo o me tengo que quedar al margen?» Y decidí quedarme al margen, porque era una manera de centrarme más en mi padre y su situación. Además, creo que hubiera sido demasiado complejo hablar de la relación que tengo con mi padre. Quizá eso es algo que en el caso de hacerlo le tengo que dedicar más tiempo y ya veremos en el futuro. Pero ya te digo, con el poco tiempo que tenía decidí centrarme en él.

R. R.: La propuesta formal de Los desheredados es muy diferente de A perro flaco con esos planos fijos, la música exclusivamente diegética, el uso de la profundidad de campo, todo de forma coherente con ese compromiso por transmitir una veracidad desprovista de artificios en sus imágenes.

L. F.: La verdad es que los dos cortos formalmente son muy distintos, porque el primero es cámara en mano y en este la cámara está fija, hay todavía menos planos… Sinceramente cuando escribía el guión la historia me lo pedía. No es algo que impusiera. Me lo imaginaba y lo veía así. Por otro lado me parece muy interesante trabajar con pocos elementos y exprimirlos al máximo. Rodamos con luz natural, las localizaciones son reales y apenas hay intervención artística. Tampoco había maquillaje, peluquería… es una manera de hacer que siento más próxima. Al final todo responde a un impulso, a una intuición de cómo hacer las cosas. También los últimos años trabajaba mucho en publicidad —que es todo lo opuesto— y quizá eso también ha hecho que a a la hora de hacer mis cosas me apetezca hacerlo todo muy sencillo. Poner los pies en la tierra y decir «con lo que hay, hagamos algo».

R. R.: En la composición de los planos hay mucha luz, mucho aire en exteriores o en la cochera, en espacios abiertos urbanos. Contrasta cuando es de noche o dentro de los propios autobuses con ese plano cerrado de Pere conduciendo. Tiene que ver mucho con un personaje que está como descontextualizado por la noche, fuera de su mundo, a diferencia de lo que transita por su vida de día.

L. F.: Aquí hay varios temas. En cuanto a la luz es una película que he intentado que desprenda esperanza. El personaje a pesar de toda la adversidad conserva su dignidad. Me parecía importante que a nivel visual también desprendiera luz. Por otro lado también me pareció interesante jugar en la medida de lo posible con el fuera de campo tanto visual como sonoro. Realmente a excepción de mi padre y mi abuela, que son bastante omnipresentes, el resto de secundarios siempre aparecen a través del off. Por otro lado lo que dices de la noche y el día, hay diversas escenas en las que lo vemos a él con gente y luego solo, para que haya contraste y vayamos entendiendo más cómo es este personaje que creo que está bastante al margen. Por varios motivos, tanto físicamente como psicológicamente. Está todo rodado en El Prat de Llobregat, que es la periferia de Barcelona. Además está todo el tema de que él está cerrando la empresa y qué pasa con esta gente de su generación que se queda al margen. Él muchas veces está con gente, pero a la vez está solo.

R. R.: Respecto a personajes en los márgenes en A perro flaco aparecía una joven en el límite de la pobreza. En Los desheredados estás representando a una generación que normalmente no aparece en los medios o en el cine. Una que se va quedando atrás según avanzan las cosas. ¿Era tu intención de principio o surgió de forma natural del relato?

L. F.: Por un lado cada vez que me pongo pensar una nueva historia siempre me centro mucho en construir el personaje. Es lo que me motiva, construir un personaje. No tanto la historia. Una vez que tienes el personaje ya vas viendo por dónde te va a llevar lo demás. Cuando hice A perro flaco me centré más en los jóvenes. Supongo que porque yo entonces era más joven. Justo acababa de terminar la universidad y me encontraba en ese momento de «qué hago». En ese momento necesitaba expresar eso. Pero con el paso del tiempo por desgracia a mi familia le tocó muy de cerca lo de la crisis y diversas personas se quedaron sin trabajo a esa edad, con cincuenta y pocos. En ese momento supongo que necesitaba hablar más de ellos. También de ahí el título, que por un lado puede hacer referencia a mi familia, a mi misma. Porque una vez que cierra todos los que venimos detrás nos quedamos sin nada, por así decirlo. Por otro lado por la generación de él, que en realidad era lo que más me interesaba. Me parece un poco pedante decir que hablo por ellos. No es realmente la intención, porque creo que de hecho en el corto lo que se hace es más sugerir las cosas. Mostrar a un hombre de esa edad, de esa generación y ya está. Ojalá lo vea gente de la generación de mi padre, se sientan identificados y les aporte algo de luz. La intención más bien era eso: centrarme en él y quien lo vea lo interprete a su manera.

R. R.: Como nota al margen, en A perro flaco, vi una referencia a Wendy and Lucy de Kelly Reichardt. No sé si fue algo consciente o involuntario.

L. F.: Fue curioso porque la génesis de A perro flaco es que yo estaba intentando desarrollar otro corto, estaba muy atascada y pensé «tienes que simplificarlo todo». Y lo primero que se me ocurrió fue una chica que perdía un perro. Pero pensé que era interesante si iba añadiendo capas y qué pasaba si ese perro era el de su madre. Así es cómo empezó todo. Cuando presenté esta idea en la universidad, mi tutora que era Mar Coll me dijo que le parecía muy interesante y que le recordaba a Wendy and Lucy. Yo todavía no la había visto. A raíz de ahí vi las pelis de Kelly Reichardt y me gusta mucho lo que hace. Si lo piensas la historia es tan sencilla que es lógico que haya cosas similares.

R.R: Esto quería conectarlo con Los desheredados porque también usas luz natural como Reichardt en Meek’s Cutoff.

L. F.: A mi me gusta mucho trabajar con la luz natural. Está claro que hay un punto en el que no he tenido demasiado presupuesto para hacer mis cosas, entonces es mucho más barato rodar con luz natural. Pero realmente me gusta, porque se le puede sacar mucho partido, si tú localizas bien a la hora adecuada que le va aportar algo a esa escena. Está claro que es más arriesgado, porque a lo mejor tú tenías pensado «vale, vamos a rodar esto con sol aquí» y ese día está nublado. Y tienes que improvisar. Pero es que eso me gusta bastante. Por eso este primer acercamiento al documental, que como te decía vas descubriendo en el proceso lo que vas a decir, a mi me parece mucho más satisfactorio.

R. R.: ¿Y qué referentes puedes tener en tus trabajos, que puedas reconocer?

L. F.: En Los desheredados tenía bastante presente a Aki Kaurismaki y un poco a Pedro Costa. Pedro Costa quizá más por un tema de iluminación, me parece maravilloso lo que hace. Y Aki Kaurismaki quizá era más una apuesta de tono. Creo que de cara a la planificación también, porque él también pone la cámara desde un punto de vista que parece un espectador.

R. R.: Hay un plano que me parece fascinante, casi mágico en Los desheredados. Es el de la discoteca con la luz en el suelo y tu padre bailando. ¿Cómo llegaste a ese momento?

L. F.: Cuando escribí el guión lo hice pensando en mi padre, en qué rasgos de su personalidad eran más interesantes para construir el personaje. Sé que le encanta bailar y tenía claro que tenía que haber un momento en el que él bailara. Fue muy curioso porque decidí grabarlo así, no le comenté nada y luego cuando él vio el cortometraje me dijo que le había gustado mucho, porque si tu ves la escena en el momento en que él se separa del grupo de mujeres —de la despedida de soltera— y empieza a bailar, está completamente solo en medio de la oscuridad. Quizá a alguien le parece forzado, porque de repente puede decir «dónde está la gente de la discoteca». Pero él me dijo que le gustaba mucho, porque cuando él baila se abstrae totalmente y es como si bailara solo. Así está grabado. Supongo que es como cuando escribes ficción y lo haces pensando en un actor. Ya sabes que te va a dar ciertas cosas. En ese sentido tienes bastante ganado.

R. R.: Luego por la parte más documental el otro plano que a mi me destaca más es ese en el que está dentro de la cochera como enfrentándose a su autobús, con el cartel de “no fumar” de fondo. es un poco resumen de la personalidad que transmite Pere de desafío a la fatalidad. Un simbolismo muy poderoso dentro de unas imágenes muy directas, de una realidad sin manipular.

L. F.: Esta empresa la fundó mi bisabuelo. Ha formado parte de nuestra vida desde siempre. Yo había transitado mucho por esos espacios y supongo los conocía tanto que fue fácil capturarlos. Justamente lo que comentas del desafío está ligado con lo de la dignidad. Echarle cara a los problemas, incluso reírse de ellos. Por eso creo que también es muy importante cómo he intentado pasar del drama a la comedia. Está claro que mi padre tiene esa vis cómica. Como los diálogos son improvisados tarde o temprano tenía que estar en el relato.

R. R.: El chiste que hace con el autobús e irse de vacaciones y morir todos ¿también es improvisado?

L. F.: Justamente la conversación con mi abuela sí que está un poco más guiada. Porque yo sabía que podía ponerles la cámara delante y podían estar horas y horas hablando. Pero claro, luego a saber qué podría aprovechar de eso. Pero todo lo otro, eso sí que es cien por cien improvisado. Me parecía importante —aparte de que él tiene esa vis cómica si acaba saliendo en los diálogos— además que el personaje se riera de todo eso, quedara por encima y hasta cierto punto ganara el desafío.

R. R.: Es bastante paradójico que un corto con tan pocos recursos esté compitiendo en igualdad de condiciones con otros que parecen haber tenido mucho apoyo financiero e institucional. Ese mensaje que aparece en los créditos podría parecer una excepción, pero en el cine español no lo es en absoluto.

L. F.: Por desgracia hay como una ley no escrita de que para los cortometrajes, videoclips y cosas así de pequeño formato no hay dinero, la gente no puede cobrar. También se hacen muchas películas así, pero en el cortometraje ya se da por hecho. Las películas si es una producción con algún tipo de soporte institucional o lo que sea se contempla que haya remuneración, pero en los cortos ya se da por hecho que no. Este corto se hizo con poco dinero, pocas personas. Éramos como seis personas en el rodaje. Después la postproducción sí que fue un poco más compleja. Pero ya suele pasar también en el documental, que la historia se acaba formando en el montaje. Es normal que se alargue todo más. La verdad es que es un proyecto muy humilde y es realmente increíble haber llegado hasta aquí. A veces me detengo a pensarlo, me abstraigo y me doy cuenta de hasta dónde ha llegado y es una sorpresa muy grata. Va en la línea de lo que se está explicando en el corto. Si quieres hacer algo y le pones todas las ganas… está claro que también debe haber un punto de suerte, porque por ejemplo en la Semana se habían presentado como 2000 cortometrajes. Pero si sientes pasión por algo, algo acaba saliendo. Ese motor es imparable.

R. R.: Es muy revelador que últimamente sean mujeres directoras las que crean las propuestas más interesantes y las que tiene mayor repercusión en nuestro cine fuera de España. Carla Simón hace poco en Berlín y ahora tú en Cannes.

L. F.: Es verdad que cada vez salen más chicas y está claro que es necesario. Al final las historias son muy parecidas y lo que puede variar es el punto de vista. Es necesario que haya mujeres. No creo que puedas adivinar quién ha hecho una película, si un hombre o una mujer. Pero está claro que hay algo distinto en la manera de construir los personajes. Se tienen en cuenta otras cosas. No se explica siempre la misma historia de la misma manera. Cuando estudiaba era curioso, porque podías elegir la especialidad que querías y las chicas se decantaban más por otras. En dirección apenas había mujeres. Pero también es una cuestión cultural, que la figura del líder siempre ha sido representada por el hombre. Espero que esto cambie, que con el tiempo vaya cambiando y haya más mujeres líderes. Y no sólo en las películas. De hecho creo que en el momento en el que en otros aspectos de nuestra vida también haya mujeres líderes, eso también pasará a las películas.

R. R.: Estudiaste en la ESCAC como por ejemplo Nely Reguera. Carla Simón hizo lo propio en la London Film School ¿Crees que es necesario pasar por una escuela de cine para entrar en el medio? ¿Qué te ha aportado a ti esa experiencia?

L. F.: Es difícil de contestar porque no sé como sería mi situación si no hubiera pasado por una escuela de cine. Sí me da la sensación de que pasar por una escuela te prepara. Desde luego está muy bien en el sentido de que en una como la ESCAC realizas muchas prácticas, ruedas mucho durante los cuatro años. Además conoces gente con la que luego puedes seguir trabajando una vez que ya habéis terminado la carrera. Empiezas a establecer una red de contactos que te puede servir para el futuro. Pero lo que está claro —al menos en mi caso— es que cuando entré en la universidad con dieciocho años, lo hice porque me gustaba mucho ver películas y pensé que me podría llegar a gustar hacerlas. Pero realmente no tenía ni idea de lo que implica hacer películas. Incluso durante la carrera creo que es algo que no ves, porque es bastante irreal: sólo te dedicas a hacer tus cortos, tienes material para hacerlos… Cuando sales es cuando empiezas a ver lo que significa. Yo lo empecé a ver con el proyecto de final de carrera. Obviamente sabía que era complicado, pero te enfrentas con los primeros problemas sola y ahí es donde empiezas a ver cómo va el tema. Pero creo que está bien tener esa preparación. Al menos creo que a mi me fue bien.

R. R.: ¿Ya tienes pensado algún proyecto futuro, como el paso al largometraje?

L. F.: Sin duda quiero que sea el siguiente paso, pero justo ahora estoy empezando a darle vueltas. Terminé el corto hace nada, lo inscribí, lo han seleccionado… y no he parado. Justamente la Semana es una sección muy interesante, porque todos los participantes de los cortos —incluso los que no han ganado— entran en un taller que se llama Next Step, donde te ayudan a desarrollar tu primer largo. Sin duda quiero aprovechar esta oportunidad, Esto es algo con lo que por lo menos estaré este año. Estaré empezando a escribir y en diciembre lo tenemos que presentar. Algo acabará saliendo seguro.

(Entrevista realizada el 26 de mayo de 2017)

Escrito por Ramón Rey


Neocrítico anarcocinéfilo. Honest & unmerciful.



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