Entrevista a Eduardo Rodríguez: Sangre a la americana

Eduardo Rodríguez contesta la llamada y empieza a hablar sin acento venezolano. Lleva ya quince años fuera de Venezuela y tiene cuatro películas en su portafolio, junto a dos cortometrajes y dos capítulos para televisión. Ha filmado en Estados Unidos, México, Bulgaria y Rumania, y ha sido el director perfecto para los guiones que le han hecho llegar. Su primer cortometraje Symbiosis (2000) compitió en el Verna Film Award en la categoría de Mejor edición de sonido de filme estudiantil; y su segundo cortometraje, Daughter (2002), llegó a las manos de los hermanos Weinstein, relación que resultó en Curandero (2005), su primer largometraje, realizado a partir de un guion de Robert Rodríguez —el mayor representante del cine serie B de la contemporaneidad pop—, y en un contrato para dos películas más.

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Sus días están llenos de cine de terror de los 70, la época de oro de la experimentación entre la imagen en movimiento y el lado más oscuro del ser humano. Eduardo busca las respuestas (de la vida, del arte, de la narrativa, del cine, de la fotografía) en el cine de terror de Dario Argento, Roman Polanski, John Carpenter, Ridley Scott, Nicolás Roeg y David Cronenberg; en la poesía visual de Stanley Kubrick, Hong-jin Na, Chan-wook Park, Abdellatif Kechiche, Andrey Zvyagintsev; y en el trabajo crudo y riguroso de los documentalistas Andrew Jarecki, Malik Bendjelloul y Joshua Oppenheimer. La muerte también se pasea por las páginas de sus libros: Working Stiff, de la médico forense Judy Melinek, The Devil and Sherlock Holmes de David Grann y Closer to the Truth de Robert Lawrence Kuhn, donde «un grupo de científicos y filósofos de renombre se hacen preguntas sobre ciencia, la religión y la filosofía».

En la filmografía de Eduardo Rodríguez vemos la multiplicidad de sus intereses: borbotones de sangre caliente enmarcan investigaciones policiales e historias sobre el narcotráfico, la culpa, la brujería, los celos, la juventud, la acción, la fama, el erotismo, el miedo, la enfermedad, la pobreza, la muerte, el dolor. La narrativa de sus películas oscila entre la siempre agradable fórmula estadounidense y un profundo respeto por las culturas underground que suele representar. La carrera cinematográfica de Eduardo apenas comienza, pero sin duda comenzó con fuerza.

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Curandero, Stash House (2012), El Gringo (2012) y Fright Night 2: New Blood (2013) han generado públicos pasionales: amor u odio, nunca respuestas tibias. Curandero, un intenso viaje al mundo oculto del narcotráfico y la magia negra mexicana —y hecha casi exclusivamente con equipo mexicano— fue catalogada por algunos como una película de culto gore latinoaméricano. El Gringo, con Scott Adkins, Yvette Yates y Christian Slater, acerca de un hombre con un pasado sangriento que cruza a México con un bolso con dos millones de dólares y se queda varado en un pueblo, El Fronteras, gobernado por mafias criminales y policiales. Es una película de acción que se maneja con la fuerza de una montaña rusa. Su última película, Fright Night 2: New Blood, remake de la película de culto Fright Night (1985) del maestro del terror Tom Holland, lo posiciona nuevamente como un director con un estilo singular, intenso, atmosférico y marcado.

¿Por qué cine de terror? ¿Cuáles fueron los trabajos que te inspiraron a aproximarte al horror?

Empezó en la Universidad Católica Andrés Bello, cuando estaba haciendo el pregrado en Comunicación Social. El primer año tuvimos que hacer un cortometraje. En esa época yo estaba leyendo Stephen King, Cujo. Me estaba llamando la atención el tema del terror, y una amiga nos recomendó adaptar una obra cuyo nombre realmente no recuerdo. Era una obra de teatro surrealista y de terror en donde un señor vivía en su departamento y de repente todo a su alrededor empezaba a desaparecer. El señor se acababa de divorciar, y la esposa lo llamaba constantemente para regañarlo. Era todo una analogía de cómo el mundo se va resquebrajando.

El interés estuvo latente mientras estudiaba. Cuando tuve la oportunidad de hacer mi primera película, el estudio quería que hiciera una película de terror. Ahí fue cuando empecé a trabajar en un guion que Robert Rodríguez había escrito antes de El mariachi. Y ya. Eso fue todo. Me parece que una vez que uno se empieza a desarrollar en algo es casi imposible no agarrarle cariño. Yo del terror no me salgo. Siempre respondo: las voces en mi cabeza me dicen que retrate el terror.

Curandero fue producida por los hermanos Weinstein. Algo leí acerca del mágico primer encuentro que tuviste con ellos.

¿Mágico? Si yo estaba de lo más nervioso. Yo estaba en la escuela en Talahasse, FSU —Florida University— donde estuve haciendo el master en dirección de cine hasta el 2011. Al final del master los 25 estudiantes entregan un proyecto que podría ser elegido para ser uno de los 5 proyectos finales del curso entero. Mi proyecto fue elegido, un cortometraje de terror que se llamaba Daughter. Los Weinstein lo vieron, y les gustó.

Un día mi roomate me llama y me dice que Bob Weinstein había llamado, y que tenía que ir a la casa ya porque me iba a volver a llamar. Recuerdo que en ese preciso momento yo estaba editando mi reel, y ni siquiera sabía quién era Bob Weinstein. Me daba fastidio tener que volver a casa y dejar de hacer lo que estaba haciendo. Mi roomate me dijo que no importaba lo que estuviera haciendo, tenía que dejarlo e ir a la casa ya. Fui enojado. Ni siquiera sabía para qué me estaban llamando. Vuelvo a casa y mi roomate me explicó quién era Bob Weinstein. Tantas cosas me dijo que en diez minutos estaba temblando. Cuando me llamaron me preguntaron cuál era mi plan y si tenía un guion.

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Creo que eso sí fue lo mágico del asunto: por absoluta casualidad acababa de terminar un guion con mi roomate. Después de graduarnos, David, con el que nunca había trabajado, me empezó a convencer para hacer un guion. En ese entonces yo estaba trabajando en el diseño de sonido de la película de un profesor, y mientras trabajaba en eso durante el día, él escribía. En la noche, nos sentábamos a revisar las páginas que había escrito. Trabajamos todos los días y en 30 días teníamos un guion. Fue un proceso rápido y sumamente eficiente. Este guion lo terminamos un miércoles, y el viernes recibí la llamada de los Weinstein.

Me pidieron el guion y me invitaron a las oficinas de Nueva York. La siguiente semana estaba volando para allá. Estaba bastante nervioso. Lo único que pensaba era que si decía algo mal, algo que no les gustara, se me iba a caer el mundo encima. No podía meter la pata. Tales eran los nervios que vomité en el aeropuerto, en Talahasse antes de salir también cuando llegué a Nueva York. Me veía tan mal que el señor que conducía la limosina me empezó a tranquilizar. Realmente lo logró, pero al entrar al edificio la primera persona que veo es a Robert De Niro. Tuve que vomitar otra vez.

Y este guion que les gustó a los hermanos Weinstein, ¿cuál es?

Es el guion de nada. Se llamaba Symbiosis. Estaba basado en uno de mis cortos anteriores. David y yo lo desarrollamos con Miramax por un año. Bob nunca quedó contento con el resultado, y por eso fue que salió Curandero. Yo tenía un contrato con ellos y me tenían que pagar aunque la película no se hiciera. Estábamos cerca de finalizar el año, trabajando todavía en el guion, y Bob me llama a la una de la mañana. Me dice que tiene el guion perfecto para mí, un guion viejo de Robert Rodríguez. Robert y Bob me dijeron que si quería hacer la película empezábamos a trabajar inmediatamente. Una semana después estábamos en preproducción. Viví un tiempo en México mientras grabamos y editamos la película.

De Curandero lo que más me gusta es la forma en que trabajaron con la imagen. Es un trabajo sensorial, lúgubre. Me gusta el trabajo de dirección de arte a mano de Hania Robledo (Nacho Libre, Frida) y la dirección de fotografía de Jaime Reinoso. ¿Cómo fue el proceso de creación de los personajes y de los ambientes de la película?

Ese equipo de trabajo fue genial. Hania era jefe de departamento de dirección de arte —la supervisora— y Denise Camargo la diseñadora. No teníamos mucho presupuesto y lograron hacer magia con lo poquito que teníamos. Lo bueno, es que efectivamente tener pocos recursos ayuda a la creatividad. Usualmente yo empiezo el proceso de creación a través de referencias fotográficas y de cine. Una vez que han visto lo que quiero lograr, les doy libertad de hacer lo que quieran. No creo mucho en la micro gerencia. A mí no me interesa trabajar así con nadie. Me sentiría como un robot si me dieran órdenes rígidas para hacer algo. Sin embargo, no recuerdo muy bien cuáles referencias utilicé para Curandero. Tengo pésima memoria.

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No te preocupes. Podemos saltar en el tiempo y hablar de tu última película: Fright Night 2: New Blood, el remake de la película de culto de los años 80. Cuéntame cómo fue el proceso de reinterpretación de la película. ¿Cómo se alejaron del estigma de hacer un remake?

Fright Night 2 tiene un problema desde el comienzo. Al remake de Dreamworks no le fue muy bien, entonces los productores se llevaron la película a Fox. Fox tenía un año para hacer la película antes de que se vencieran los derechos. Cuando me llaman el proyecto ya estaba hecho: el presupuesto pautado, el guion escrito, los equipos seleccionados. El director podía imponer su estilo, pero estaba limitado a jugar con los juguetes que le dieran.

El guion era casi idéntico a la película original. De hecho, al principio el personaje del vampiro no era mujer, así que la historia era fundamentalmente la misma. Lo único que cambiaba era que ocurría en Rumania. Sí tuvimos que trabajar rápidamente en hacer ciertos cambios fundamentales. Cambiamos el personaje del vampiro de hombre a mujer y agregamos varias escenas. Todo muy concreto.

Yo no estaba muy convencido de titular la película Fright Night 2, porque no era una segunda parte, no era la progresión de la historia. Básicamente era la misma película. Pero al final lo que pudimos agregar fue el subtítulo: Fright Night 2: New Blood. Fue una decisión de marketing.

Mucha gente fue muy dura con la película. Yo leí algunos comentarios que escribían en blogs. Hasta nos deseaban la muerte por haber hecho una secuela poco digna. Imagínate la locura. Realmente yo creo que todos lo hicimos lo mejor que pudimos. Lo que pasa es que no teníamos mucho con qué trabajar.

No estás contento con el resultado final.

Sí, sí estoy. Todos trabajamos con el corazón. El equipo y la gente de Rumania fueron todos sensacionales, muy creativos y profesionales. La experiencia de la película fue realmente positiva. Fue divertido y creo que hay momentos muy buenos en la película. Creo que todos dimos lo mejor. Sin embargo, estoy consciente que el material con que estábamos trabajando no nos daba la oportunidad de hacer algo más original o más fresco. Desde el principio la película iba a ser un remix de algo ya visto.

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Una de mis partes favoritas de Fright Night 2: New Blood es cuando vemos a Gerri Dandrige alimentándose por primera vez. Aparece ella con el cuerpo envejecido y deforme y empieza a seducir a una chica desnuda, tocándola con su sombra. Es muy erótico, muy Nosferatu (1922).

Qué bueno que me dices eso. También es mi parte favorita de la película.

Jamie Murray es una vampira genial. Su lado humano es culto y seductor y su lado vampiro es animal e intimidante. Siempre me ha gustado ella, tanto en Spartacus, como en Dexter. ¿Qué tal fue trabajar con ella?

Ella es genial. Lamentablemente tuvimos poca oportunidad de ensayo. Hablamos mientras ella estaba en Inglaterra antes de irnos todos a Rumania. Recuerdo que el primer día de filmación ella no quería hacer acento inglés, que es su acento natural. Ella quería hacer acento rumano. Y me mostraba el acento rumano que había practicado, que debo confesar era bastante bueno. El tema es que su acento inglés es tan seductor y tan hermoso que la tuvimos que convencer.

Veo también que te gusta trabajar, tanto estética como conceptualmente, con el encierro. Es un tema central en Stash House, en Daughter y en el capítulo The Circle de la serie de terror Fear Itself. El Gringo también trabaja con un pueblo desolado controlado por narcotraficantes del que no se puede salir y en Fright Night 2, el sueño de la condesa es escapar de la oscuridad. ¿Qué te llama la atención del encierro?

Me da risa. Yo no me psicoanalizo mucho, pero ahora que me dices eso pienso en el guion que estoy escribiendo ahora: un grupo de personas que no puede salir de una casa. Realmente creo que todo se resume a querer algo que uno no tiene, me parece que esa sensación se asemeja al encierro, al encarcelamiento. Esa ansiedad de no poder ver lo que está enfrente de ti, de no poder alcanzar lo que deseas. Trabajé esta idea con el infierno de Daughter. Yo no creo en nada, mucho menos en el infierno, pero creo que si el infierno existe sería un lugar para lidiar con uno mismo, un espacio vacío que nos obligue a vernos hasta el fin de los tiempos. Para mí ese es el verdadero infierno.

El infierno no son los otros, sino el infierno soy yo. ¿Crees que también tenga que ver con la necesidad de pertenecer?

No. Sí he sentido que quiero algo más, pero nunca he sentido que no pertenezco. Ni acá, ni en Venezuela, ni en México, ni grabando en Rumanía o en Bulgaria cuando hicimos El Gringo.

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¿El Gringo la hicieron en Bulgaria? ¿No lo hicieron en un pueblo de la frontera mexicana?

No, El Gringo lo hicimos en Bulgaria. Lo lógico era grabar El Gringo en México: la historia estaba pensada para México y yo ya tengo experiencia trabajando en allá. Sin embargo, por alguna misteriosa razón, el productor ya tenía en pautado grabar en Bulgaria. Para mí esto no tenía ningún tipo de sentido o explicación. Creo que Bulgaria es el lugar menos parecido a México que podíamos encontrar. ¿Por qué me hacían esto? ¿Por qué elegir el lugar que menos se parece a México? No hubo manera de hacerle cambiar su parecer.

Fue duro. Al llegar a Bulgaria instantáneamente empiezo a pensar que la película iba a ser una porquería. No veía a México en ninguna parte, en ninguna de las locaciones. En uno de los estudios en Bulgaria había un set de pueblo, pero parecía un pueblo del lejano oeste. Era un horror. Yo trato de ser razonable, yo entiendo que no hay tiempo ni dinero, pero a eso no iba a acceder. Teníamos que buscar algo en Bulgaria que se pareciera a México. Uno de los productores tuvo la idea de visitar un pueblo de gitanos en las cercanías. Yo no sabía, pero allá hay todo tipo de problemas con los gitanos: raciales, económicos y culturales. Yo creo que en Venezuela no hay nada parecido, y espero que en ninguna parte lo haya. Son unos marginados totales. Jamás había visto algo así, es una mezcla muy extraña de miedo y odio muy fuerte.

Fuimos al pueblo gitano y fue perfecto. Las casas estaban hechas de ladrillo y de cartón y las calles de tierra. Todo el equipo estaba aterrorizado, las mujeres decían que las iban a violar. El productor habló con todos y los convenció de que ese era el sitio. Como era la primera película que se grababa en el pueblo gitano, una película que ellos pensaban era de Hollywood, todo el mundo se portó de forma ejemplar. Nos daban desayuno, les pedían autógrafos a los actores y estaban encantados de ayudar en lo que pudieran.

Quizás todo fue por orden de los jefes del pueblo, lo de los Gypsy Kings es verdad. Tienen un jefe que da las órdenes y nadie se atreve a desafiarlo, jerarquía de mafia. Sin embargo, yo volvería a ese pueblo sin dudarlo. Fue el mejor sitio donde pudimos grabar.

¿Qué te da miedo en el mundo real?

Nada. Realmente nada. Cuando era pequeño todo me daba miedo. Recuerdo una serie que veía en Venezuela, Ultramán. Era como una mezcla de Godzilla y Power Rangers. Los monstruos eran evidentemente señores dentro de disfraces y las ciudades eran claramente maquetas de edificios. Más falso imposible. Yo lo veía y no podía dormir del miedo. La primera vez que vi Jaws no pude dormir por una semana. Mi mamá odiaba que viera películas de terror. Pero ya al crecer uno va perdiendo la fantasía. La realidad se apodera de uno. De alguna manera es liberador, ver el mundo sin tanta ilusión, la realidad también es intrigante.

¿Quién dijo miedo?

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