El último superviviente (Geoff Murphy)

De soledad, miedos y delirios. Del limbo y lo desconocido.
De existencialismo.
De… todo.

Desconocer el por qué de nuestra existencia será, con casi total seguridad, la gran pregunta que el ser humano se plantee hasta la llegada del ‹Big Crunch›. Y quizá ésta esté siempre acompañada, irremediablemente, de la cuestión sobre si hay o no un más allá al que aferrarnos.

O al que enfrentarnos.

El último superviviente (The Quiet Earth, Geoff Murphy, 1985) parte de una premisa exquisita que muy inicialmente puede recordarnos a otras propuestas apocalípticas: un hombre despierta en su casa… y pronto se da cuenta de que no hay nadie más.

La humanidad, literalmente, se ha evaporado.

Planteamientos recurrentes: el yo

«El tiempo se ha parado en la Tierra»

El único superviviente

El proyecto internacional Flashlight; la implicación en él de nuestro hombre, Zac; sus remordimientos al saber de antemano que no va a funcionar, y no comunicarlo a sus compañeros; el resultado de la puesta en marcha del experimento; la casual (y causal), periódica pérdida del espacio/tiempo…

La ciencia ficción es la base del film, en un estado tan puro como inquietante. Porque si el género nos ha servido para algo, desde sus antecedentes literarios, es para encontrar el marco necesario para dar respuesta a esas incómodas preguntas que el ser humano se plantea a nivel individual, social, e universal. El existencialismo que propone El último superviviente comienza ya, de esta forma, con la aparentemente desubicada frase reclamo del cartel, a medio camino entre el spoiler y la simple invitación…

«Las creaciones de nuestra mente deberían ser una bendición, no una maldición para la humanidad»

Albert Einstein

 

La soledad del que va a contracorriente

«El verdadero infierno es que tu vida haya fracasado»

Más allá de los sueños (What Dreams May Come, Vincent Ward, 1998)

La primera parte del film destacará inicialmente a Zac (y tras un desconcertante plano cenital) utilizando continuamente la cámara en posición de contrapicado, para después combinar astutamente esa técnica con ‹travellings› frontales y laterales. De esta forma, cuanto más forzados son los encuadres, más se refleja la desesperación del protagonista. Porque la mente de Zac y las emociones y sentimientos que derivan de sus cavilaciones se observan, y se palpan, en unas imágenes que se antojan cada vez más extrañas e íntimas, mientras le acompañamos pasando del desconcierto a la concienzuda investigación, para acabar hablando consigo mismo en una escena que atrae de la misma forma que repele (me refiero a la del billar, cuando juega a interpretar ¿varios personajes, o personalidades?… intencionado preludio a la continuación del film).

Un hombre solo y desesperado… que evalúa sus actos.

(Auto)condena, y reflexión para el espectador

 

«Tengo el feeling de que estamos en otro universo»

El único superviviente

La soledad le hace enloquecer, pero también vislumbrar algunas de las verdades más significativas de una sociedad que, treinta años más tarde (y mucho más también de treinta años antes) sigue priorizando unos mismos objetivos.

«Qué fácil es creer en el bien común cuando esa creencia viene recompensada con status y poder», dice Zac a su audiencia de cartón piedra, a nosotros espectadores, mientras posa ante nuestros ojos en una combinación perfecta entre Julio César y Hitler.

Un hombre demostrando su status frente a seguidores sin cuerpo, y sin alma. Sin ilusiones.

Un hombre solo, que llega a autoconvencerse, como no podía ser de otra forma en un mundo sin compañía, de que «Y ahora, yo soy Dios».

Interesante conclusión, tras una violenta crisis religiosa que explota en plena iglesia…

Zac vaga y divaga, y el espectador junto a él, mientras los efectos del proyecto Flashlight continúan haciendo mella en su particular continuo espacio/tiempo… hasta llegar al gran cambio de formato y de discurso moralista y, por tanto, a incluir nuevas reflexiones.

El cambio llega cuando Zac se mira al espejo vestido con camisón de mujer.

Ahora que se cree Dios… ¿echa de menos tener una compañera, o compañía en general? ¿O acaba de conectar con una parte de él mismo que desconocía?

Realidad o ficción. Cosmos y limbo

Encontrar a Joanne devuelve la tranquilidad a Zac. Los contrapicados se erradican, los encuadres de primeros planos desaparecen porque, lógico, deben alejarse de la primera persona cuando se ha demostrado que Zac ya no va a estar nunca más solo. Ahora se trata de Zac y Joanne, creando un vínculo tan fuerte que no se consideran ya abandonados. El film se convierte entonces en el esperanzado resurgir de la especie humana, en Adán y Eva en busca de nuevos aliados.

Sin miedo ni prisas, el sentimiento de soledad desaparece, así como los delirios. Los planos ahora se caracterizan por mostrar una ‹road movie› apocalíptica y, aunque arriesgada por unos diálogos que pueden seguir descolocando al espectador, más aventurera, dejando a un lado el thriller que invadía el metraje hasta ese momento.

Juntos, descubren y sueñan. Se enamoran. Mantienen la ilusión por su futuro…

Hasta el nuevo giro: la aparición del tercer superviviente. Api.

Api, que es la antítesis de Zac, tanto a nivel físico como intelectual. Api, por el que también se sentirá atraída Joanne.

Api, Joanne y Zac… tres vértices de un mismo triángulo.

¿Existen estos dos nuevos supervivientes, o son producto/alter egos de la imaginación de Zac?

La película mantiene en todo momento una exquisita ambigüedad que balancea la identificación “realista” del fenómeno solar con el experimento físico (proyecto impulsado por los americanos, hincapié no baladí en el año de producción del film), con la identificación, a caballo entre la respuesta cerebral más humana vs. la influencia de un posible ser superior (llámenosle Dios), del imaginario de Zac en una supuesta, por qué no, transición de la vida a la muerte.

Si nos quedamos con la primera interpretación, El último superviviente expone notablemente el conocido peligro de que el ser humano juegue a ser Dios, tanto desde una perspectiva política como científica y de impulsión de la tecnología. Si nos quedamos con la segunda, el guión sigue siendo lo suficientemente enrevesado como para seguir manteniendo el que todo surja de una misma mente, o que sea empujado desde una dimensión desconocida. En cualquier caso, varias son las pistas para no desestimar ninguna de ellas. Por ejemplo, Joanne espetará a Zac, aunque sin malicia, que se cree Dios, cuando en ningún momento se lo ha manifestado a ella directamente (por mucho que previamente se haya considerado él mismo como tal). Joanne podría adivinarlo por su comportamiento (de líder), o podría “saberlo”, porque, en sí, “es” el propio Zac, una proyección suya. Y que Api encarne el prototipo de persona que a Zac le gustaría ser, más ahora que se arrepiente tanto del proyecto que reniega de su profesión, y de sí mismo, no deja de poder ser considerado como que se trata de otra proyección personal. Y sí, Joanne y Api tienen escenas en solitario… ¿afecta en algo a esta interpretación?

Que Zac pronuncie la fatalista «he sido condenado a vivir», tampoco nos decanta la balanza. Podría resultar cierto y, por tanto, que el film trate de resaltar la locura del individuo. O podría, de la misma forma, ser un pensamiento del protagonista mientras cruza, desde el desconocimiento, un limbo que le llevará al paraíso final.

Y, ¿qué es el paraíso?

De nuevo, ambigüedad: un hermoso paraje desde el que se vislumbra Saturno, con una atmósfera distinta a la terrestre, pero con todas las características de nuestra amada Tierra.

¿El sacrificio de Zac ha modificado las condiciones del planeta, salvándolo de su desaparición? ¿Se encuentra Zac en el limbo, o acaba de salir de él, llegado a la Tierra prometida?

De existencialismo, y destino. Más preguntas que respuestas.

Si el acto define al hombre, se antoja que, a lo largo del film, Zac está superando varias pruebas. Otra cosa es si queremos pensar que lo consigue de forma guiada, o no.

Arrepentirse. Autoconocerse. Liberarse. Conocer la verdad.

Esta consecución, que puede establecerse fácilmente en el film a medida que avanza el metraje, tiene a su vez cierta similitud con la historia de Jesucristo, un hombre/dios que se ve recompensado con la resurrección. Así, Zac, al igual que Jesucristo, acaba liberándose de sus ataduras, físicas y mentales, cuando decide sacrificarse por los demás.

Eso si existen demás.

Curioso: si Zac, el hombre, escoge el camino del bien y encuentra su recompensa final… ¿escoge su destino, su particular paraíso? ¿O ese paraíso que descubre es el mismo que nos espera a todos nosotros?

Volvemos a la ambigüedad. Pero si hay algo cierto en la propuesta de Murphy es que Zac, en cualquiera de las interpretaciones expuestas, se redime.

Zac se redime, y encuentra la paz.

Zac se redime, y salva al mundo.

Zac se redime, como ejemplo a seguir. Arrepentirnos de nuestros actos, evitar idolatrar al Hitler de turno, o seguir las ideas locas de los americanos. Aprender de nuestros errores y que no se repita la Historia.

Zac se redime, y demuestra que no es Dios.

O simplemente…

Zac está saliendo de un largo sueño del que aún está despertando, cuando se quedó tirado en la orilla de la majestuosa playa de al lado de su casa.

Quedémonos con la moraleja que más nos interese.

Escrito por Arantxa Acosta

@Arantxa_Acosta

(Miradas de cine) (La realidad no existe)



One Comment

  1. Rick Deckard wrote:

    Películas de bajo presupuesto pero con unos temas y una dirección excelentes. Realmente da gusto descubrir perlas como ésta a reivindicar. Análisis riguroso de una Arantxa que se nota que disfrutó del film y que por suerte podemos encontrar en DVD y bluray. La escena del discurso mesiánico en el balcón no tiene precio.

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