El top de los tops de Sitges 2018

No podríamos empezar este texto de tops y conclusiones de la presente (ya pasada) 51 edición del Festival de Sitges sin explicitar una felicitación a la organización. No es que nos hayamos vuelto locos, ni hayamos entrado en un dorar la píldora de forma gratuita, pero al igual que hemos sido críticos en otras ocasiones nunca está de más reconocer el trabajo bien hecho.

De todas maneras, en este texto de conclusión, abordaremos en formato TOP lo mejor y lo peor de este festival refiriéndonos a ello tanto en lo cinematográfico como a nivel organizativo. Empecemos pues con el cine:

 

TOP 5 Lo mejor que hemos visto

5 — Under the Silver Lake (David Robert Mitchell) 

Escaparates Pop, multi-referencialidades vacías, trayectos a la nada. Todo ello escupido (y esculpido) bajo el disfraz de neo-noir alucinado. Un bofetón contra la superestructura de la burbuja iconográfica. Inteligencia e ironía para una gigantesca burla contra un mundo que es un cascarón vacío.

4 — Lazzaro Felice (Alice Rohrwacher)

¿Puede la bondad sobrevivir en este mundo? ¿Puede su visión inmaculada cambiar las cosas? ¿O todo seguirá siendo una gran estafa? Preguntas que se responden en una película ante todo hermosa, y ante todo cruda. Una combinación tan aparentemente imposible como su mezcla neorrealista y el fantástico alegórico. Y sin embargo lo consigue. Un pequeño gran milagro.

3 — Mandy (Panos Cosmatos)

Podría ser el sueño lisérgico de los films de venganzas. En su lugar Panos Cosmatos desata una pesadilla densa, atmosférica y recargada como un mal viaje de drogas caducadas. Todo para llegar al punto de ruptura, al momento más esperado del año. Una preparación para que Nic Cage desate toda su furia. Muecas, sangre, el duende del cheddar y motosierras. ¿Qué más se puede pedir?

2 — Burning (Lee Chang-Dong)

Podría ser el reverso tenebroso de Lazzaro Felice. El pulso sigue siendo realista y hay desliz hacia lo simbólico. Pero aquí estamos ante un retrato de la maldad pura. Sutil, indolente o desesperada. Capas y capas de miseria, sea económica y social, que no consiguen ocultar la degradación absoluta de una sociedad.

1 — One Cut of the Dead (Shinichiro Ueda)

Esto es Sitges y por tanto es espacio de celebración del cine, y más concretamente del fantástico. De ese espíritu de guerrilla y de hacer mucho con muy poco. Si una película ha simbolizado como ninguna este espíritu es esta. Una joya de cómo amar al cine y de cómo superar las adversidades con el mismo jolgorio con el que se contempla el resultado final. Una maravilla como hace años no veíamos y disfrutábamos en el festival.

 

TOP 5 Purrusalsa

5 — Dead Night (Brad Baruh)

Dios está en la tele. O en el bosque. O mezclando ambos. Futuro, pasado y presente se aúnan en una simbiosis imposible de sangre, monstruos y ‹reality show›. Indigesta como una pizza de lentejas, confusa como una pesadilla por ingestión de garbanzos en mal estado. ¿El terror? Ni está ni se le espera.

4 — Khook — Pig (Mani Haghighi)

Aún resonando la incredulidad sentida ante tamaño desaguisado, el remate llega cuando el sosias turco de Demis Roussos recibe el premio al mejor actor. ¿De verdad? Parece difícil hacerlo todo tan mal en una película pero al final gracias a su desequilibrio y falta de tono preponderante se consigue que ni la comedia de risa, ni el thriller interese ni el comentario social sea contundente. Un auténtico ‹via crucis›. Un disparate desnortado sin parangón.

3 — Perfect (Eddie Alcazar)

Primer título meta-irónico del festival. La perfección anunciada en el enunciado se debe referir sin duda a su implacable y eficaz método de ahuyentar a la audiencia de la sala en tiempo récord. Un auténtico éxodo provocado por la combinación de voz en off con frasecitas a lo Paulo Coelho, sucesión de lucecitas de colores y planos contemplativos, y un discurso semejante a un jeroglífico sumerio, o sea, indescifrable. Absolutamente inaguantable.

2 — The Unthinkable (Victor Danell)

En este caso la ironía también hace acto de presencia. Lo impensable es realmente así, impensable e inconcebible. Con un guión repleto de giros imposibles, héroes más antipáticos que el John Doe de Seven y unas relaciones personales dignas de convención de psicópatas The Unthinkable nos sumerge en algo que quiere ser drama y cine de catástrofes y acaba siendo eso, una drama catastrófico. Para reír por no llorar.

1 — El año de la plaga (Carlos Martín Ferrera)

Y seguimos para bingo con los títulos definitorios. Y es que no es para menos. Posiblemente, hablando de plagas, esta se lleva la palma. En pocas ocasiones hemos podido disfrutar de un producto tan absolutamente desganado, triste y absurdo como este. Lo peor no es ya lo ineficaz de la propuesta sino ver cómo se malgasta el potencial del material original de donde proviene. Una experiencia tan bochornosa como demencial, un auténtico simulacro de lo que debería ser una película.

 

Una vez finalizado el apartado estrictamente fílmico no está de más enumerar lo mejor y lo peor del festival en unos tops ‹sui generis›.

 

TOP 5 Cositas que no nos han gustado

5 — Bunkerización de Nic

Entendemos que Nic es lo más próximo a un dios que ha pasado por Sitges, pero quizás facilitar su acercamiento al respetable le hubiera dado una dimensión más humana. Entendemos que Mr. Cage debe haber exigido ciertas cosas que la organización ha debido cumplir para garantizar su asistencia, pero aún así queda cierto regusto por no haberlo tenido más cerca.

4 — Ausencias

Otra vez no imputables a la organización que ha traído un cartel de auténtico lujo. Lo que no impide que nos hubiera gustado tener algún que otro título finalmente no exhibido (léase Quien te cantará). ‹Pecata minuta› al fin y al cabo.

3 — Comentarios tras pases polémicos

Lo dijo el gran Clint Eastwood en La lista negra: «las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno». O lo que es lo mismo, es lógico y lícito que una película no guste. Lo que no parece tan normal es esa pléyade de gente que se mete a ver, por ejemplo, Climax y sale echando pestes de Gaspar Noé. Y no por desconocimiento, no. Si no porque hace siempre lo mismo y ya está bien. ¿Que esperaban? ¿A Noé haciendo Frozen Sing Along? No es que afecte al Festival, pero un poquito de por favor señores.

2 — Horarios “extraños”

Ver cosas como Pig o El año de la Plaga en digamos ‹prime time›, mientras que In Fabric y High Life tengan un solo pase en maratón nocturna duele un poco. Cuadrar tantas películas debe ser tarea de titanes y es evidente que nunca lloverá a gusto de todos, pero hemos echado de menos alguna concesión más en este aspecto.

1 — El “affair” Bocadillo

Se podrá discutir mucho sobre ello, sobre si la dirección del festival tal o pascual, pero lo cierto es que lo peor del asunto ha estado en el ataque sistemático en redes contra ellos. Las cosas se pueden hacer mejor o peor, pero es tremendamente injusto tratar de tirar por el suelo un festival que, en líneas generales (y como ahora analizaremos), ha estado impecablemente organizado y con una programación envidiable. Una auténtica pena que demuestra que el criticar para destruir sigue siendo deporte nacional.

 

TOP 5 Cómo lo hemos gozado

5 — Cercanía

Uno de los factores que siempre ha gustado de Sitges es la equidad. La sensación de que todos (público, prensa, dirección, invitados) formamos una gran comunidad que, con nuestras diferencias, amamos el cine de una determinada manera. Esto ha seguido así este año. Poder disfrutar de conversaciones con actores, directores, presentadores del festival (gracias como siempre Melina Matthews) e incluso con su director (un Ángel Sala cercano y receptivo) nos hace amar con más fuerza que nunca y entender aún más si cabe la grandeza de Sitges.

4 — Tickets

Las ya famosas ‹F5 Wars› de las 7 de la mañana son historia. Era complicado buscar un método alternativo y lo cierto es que se ha conseguido con pleno acierto. Tener las entradas antes del Festival ha permitido cuadrar horarios complicados y al mismo tiempo vivir un poco más tranquilos los días de Festival. Gran acierto.

3 — Programación

Pues sí, puede que hayamos soltado alguna puyita antes, pero tener películas de Lars Von Trier, Panos Cosmatos, David Robert Mitchell, Craig S. Zahler, traer a M. Night Shyamalan, a John Carpenter on Tour y tantos otros ha hecho de esta edición una de las mejores (si no la mejor) de los últimos años que pueda recordar.

2 — Friends will be friends

Relacionado con el primer punto no solo de cercanía con los “famosos” hacen de este certamen algo especial. El hecho de conocer a gente tan diversa, intercambiar opiniones, saludar a personas que ves de año en año y que parecen tan afines como un amigo que ves a diario, llenan de cine y vivencias cada día. De todo el festival echas de menos ver películas, pero sobre todo el ambiente y la proximidad con tanta y tanta gente.

1 — Dos titanes

Por un lado Carlos Pumares. Si Nic es el dios del cine Don Carlos lo es de la crítica. Compartir espacios, colas, cafés, anécdotas e improperios no se paga con todo el dinero del mundo. Por otro el jefe de todo esto, Don Rubén Collazos. Lord de lo maldito, amo de las tinieblas y azote de herejes cinéfilos. Sitges sin él y las crónicas en esta página, Cine maldito, no sería Sitges. Un placer enorme compartir espacio y pasión por el cine. Al fin y al cabo aquí hemos venido a jugar y Sitges es la mejor cancha posible de este mundo.



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