Eden (Mia Hansen-Løve)

Primera parte: Techno

¿Eres fan de la música techno y las raves? Me alegro por ti.

Yo no, sobre todo del techno (a raves creo que no he ido nunca). Pero claro, esta música lo petó bastante antes de que yo saliera a pimplarme por las noches creyendo que era guay. Ahora la gente lo vuelve a flipar con este género y sus derivados más modernos, cuestión generacional y de sonidos atrayentes no escuchados entre ellos, opuestos a los anteriores más vendidos. Hemos pasado del revival rock al revival electropop con mucha soltura y de nuevo nos gusta más vestir con colorines y jerseys de renos que de negro austero.

¿Y por qué estoy contando esto? Ni idea, pero basta ya de preguntitas. Hablemos de Eden, la nueva película de Mia Hansen, que es amør (sobre todo hacia su hermano, en quien se basa más o menos esta narración). Su film se encuadra en la década de los 90, la próxima a rememorar con nostalgia en internet (ya se debe haber agotado la mercadotecnia de la de los 80). Estamos en años de nuevas drogas de diseño y éxito, de bailes del pollito con la pata suelta, de difusión y conocimiento del sida, de chándales con forro por dentro y maquinote del bueno, guapo, guapo. Aunque dicho así no da mucho glamour y Eden lo tiene (no sólo para adolescentes).

No deja de ser música, de todas formas, y sólo por eso hay que quererla. Igual que a Quadrophenia, que tiene mucha mejor banda sonora. Aquí el protagonista aspira a ser DJ o pinchadiscos, con sus vinilos y CDs, sus teclados y sus ordenadores 286 para las mezclas en su casa (¿sintetizadores y secuenciadores?). Y salen Greta Gerwig y Vincent Macaigne; si es que lo tiene todo para cautivar.

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Segunda parte: Bakalao

¿Te caen bien los adolescentes? Da igual, porque todos lo hemos sido y nos tenemos que querer.

Nuestro protagonista, el DJ, además de aspirar a deejay, aspira bastante cocaína, de vez en cuando, y tiene las hormonas imparables. Se pasa el día de fiesta en fiesta —asistiendo, no como disc-jockey— y cuando puede se dedica a darle duro a sus chorbas, hasta quedarse mal de la chaveta (l’amour). La cinta se desarrolla de igual forma que la vida de Paul, que así se llama nuestro querido David Guetta noventero, entre fiestas y desarrollo musical. Escenas cortas que nos introducen en el contexto del momento y en la vida de cada personaje.

A lo tonto van a pasar bastantes años y el techno va a estar dale que te dale con sus éxitos. Mucha discoteca, más fiesta y cada vez más éxito entre alcaloides. En un momento dado dicen, incluso, que la discoteca está “petá”. No os digo más (aunque se debe a la traducción, en original sólo dice crowded). Qué caña, colega.

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Tercera parte: Pachangueo

¿Te gustan las tetas y los culos? Aquí se ve alguno.

La música da dinero pero parece que no dura demasiado, aunque lo parece también. Es difícil de explicar. A lo mejor sólo da dinero de sobra para darse a la vida loca para algunos y aun así tener suficiente para ahorrar. Eso sí, ayuda a tener sexo en las distancias cortas. Al menos hasta que se te vaya la olla. Porque como estamos ante un guion del rollo ‘adolescente’, si un estilo de música se convierte en una pasión y en un estilo de vida, pronto en tu cabeza de espectador te imaginas cómo va a acabar la situación.

Y porque al final, entre todas las historias de pasiones, siempre dan más importancia a los amores por personas, así que entre unas cosas y otras todo se hace clave y llegamos a la resolución definitiva, con una estructura desenfadada, deslavazada y más larga que una sesión de Máxima FM de 2 horas, aunque menos peñaza, porque Máxima FM es un truñamen que flipas en colores.

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Cuarta parte: Perreo

¿Capiscas? Eden no mola mazo, pero tampoco es una mierda pinchada en un palo. Es como si dentro de 15 años se cuenta esta misma historia pero con fans del reggaetón y en vez de usar palabras y expresiones chorras se hablara sin vocalizar. Es algo generacional, si lo has vivido (o algo similar), te gustará. Si en tu juventud tuviste un sueño así, viviste una vida parecida, en lo que se refiere a movimientos y escarceos, al menos, es obvio que Eden tocará tu corazoncito, porque al final la clave es que te haga recordar aquello por lo que has pasado, más allá de sus virtudes y defectos, que no son demasiados, pero en cualquier caso se mantiene dentro de lo aceptable, acelerada y, aunque luche por no serlo, convencional. No es mákina dura, sólo un poco cacafuti.

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